Se estrenó sin publicidad alguna y de repente en nuestras carteleras —de pronto por cuestión de copias—, el film de la cineasta Hilda Hidalgo, “Del amor y otros demonios”, basada  claro está, en la obra homónima de Gabriel García Márquez.

Cita Christian Metz que  «una película es difícil de explicar porque es fácil de entender». En este contexto, “Del amor y otros demonios”, tanto el libro como en este caso la película, rotula claramente el cosmos en que habitan los personajes —el médico Abrenuncio, el marquez, su esposa, el Obispo, monjas, etc. —: ¡Qué el amor es un demonio!

Formulada esta aseveración en ese claustro y contorno de nuestros personajes, algunos —por ejemplo, las monjas— encubren a ese demonio del amor que todos llevamos dentro, aunque  algunos (otros) personajes se resistan a exorcizarlo. Visto así el asunto y con un acertado casting, a mi juicio la historia nos adentra en los entresijos del amor en los tiempos de Gabo, metafóricamente hablando.

Ya en la confluencia de la trama, la relación entre la adolescente Sierva María (Eliza Triana, ver imagen arriba) y el sacerdote Cayetano Delaura (Pablo Derqui), sin sueños y espejos, ambos reflejan la atracción de la carne. Aunque  la cineasta  no enfatiza, si incursiona más este semblante del interior de los personajes,  lo subraya desde la perspectiva de la desmesura, o sin eufemismos: ¡Cierta parquedad visual!

Además, la parquedad como adherencia y silencio para un tono, ya que la cineasta resta un poco de dinamismo dramático, al iluminar poco los interiores del alma. ¿Se comprende por ello la escasa locuacidad verbal de los personajes del Caribe que vemos en la cinta? De todas formas expresen en lo argumental, operaciones de orden histórico-político.

Lo que sí está claro, tanto en el libro como en el film, es que el discurso aparece franqueado por la homogeneidad de significados respecto a lo demoníaco. Y aunque el libro es rico en creencias (“Caridad del Cobre le reveló más tarde al marqués que Sierva María se había entregado en secreto a las ciencias de los esclavos, que la hacían masticar emplasto de manajú y la encerraban desnuda en la bodega de cebollas para desvirtuar el maleficio del perro”) la historia en el cine se revela más, insisto, en la advocación del amor.

También podríamos hacer otra lectura, y es la perturbada relación en ese eterno trato de padre e hijo. Así que, sin ser una infeliz, Sierva María transita su vida despreocupada de la atención de sus padres y procura toda su devoción a los insectos. Como los finales, nunca —o casi nunca— gustan a los espectadores, en esta ocasión comprendemos a muestra heroína Sierva María de Todos los Ángeles: rendida no sólo de amor ante Cayetano, sino de la tortura, de los conjuros.

Al héroe y sacerdote Cayetano Delaura, descendido a enfermero de leprosos en la novela, no lo visualizamos como tal. De pronto en la adaptación se pudo haber sorteado esto un poco más, pero de todas formas, no resta interés por el personaje. En las adaptaciones igualmente se observa un poco las intenciones del guionista, que en este caso, también  es Hilda Hidalgo.

Creo que la película “Del amor y otros demonios” sale bien librada en su ideología, aunque siempre aparecen los sabios de turno, que no la aprobarán. Y es que el cine hay mirarlo con los ojos del amor.

 

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