Cuando pensamos en todos los cambios que se han producido en la niñez y juventud, no siempre para mejorar, nos preguntamos ¿en dónde estamos fallando? Los padres de familia culpamos a la sociedad, una sociedad sucia que corrompe a los niños y jóvenes ¿pero no habrá falta de valores y firmeza de carácter en aquellos que se dejan corromper?

Hoy en día observamos la falta de control en nuestros niños y jóvenes, hace un tiempo atrás cuando un niño o joven tenía mal rendimiento en su desempeño académico, la culpa era del niño, no del profesor, se le corregía por que los padres no tenían temor de hacerlo, de provocar un trauma, pero en la actualidad desconocemos que el trauma irreversible se lo causamos a la sociedad, cuando no tenemos el temple de corregir y no me refiero a la violencia, uno puede generar respeto y disciplina con amor; cuando tenemos valores, conciencia y educación es más fácil enfrentarse a esa sociedad que se dispone a derribarnos de la peor manera.

Tenemos la certeza que los tiempos cambian, adquirimos muchas facilidades gracias a la tecnología, pero también, por el mal uso que le damos, hemos perdido el orden de prioridades en nuestras vidas, ya no valoramos lo ameno de una charla cara a cara, una cena familiar o con amigos y nos dedicamos a tener vidas vacías ¿si eso es lo único que tenemos, que le vamos a inculcar a nuestros hijos?, estamos criando zombis con vacíos internos, dispuestos a saciar su hambre de aquello que les hace falta, entonces se encuentran con las drogas, con la violencia, con el sexo sin responsabilidad y un montón de vicios mas con los cuales intentan llenarlos.

Es triste pensar que serán estos zombis, llenos de cualquier porquería que se encuentren en el camino quienes libraran las batallas futuras, quienes lideraran el mundo. Si es que llegan a ese tan anhelado futuro y no por culpa de los vacíos llegan a padecer la enfermedad del milenio, la depresión, esa que los puede enviar al suicidio seguro.

Padres de familia dejemos de pensar de quien es la culpa de que las cosas ocurran de la peor manera y que las cosas malas solo le pasan a los demás, mejor dediquémonos a hacer lo que debemos con nuestros hijos con paciencia, con amor, con comunicación. Aportemos nuestro granito de arena de la mejor manera para que el mundo no se coma a nuestros hijos, si no que sean ellos con nuestra ayuda y dedicación, quienes salgan a comerse al mundo.

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