Un lugar pequeño rodeado de grandes extensiones de selva virgen


Los rayos del sol pegan con fuerza sobre las calles adoquinadas del centro de Chicacao, Suchitepéquez. Repentinamente, el cielo cobra un color gris oscuro, como advertencia del tremendo aguacero que caerá por la tarde. “Aquí llueve con ganas y no por gusto”, dice una mujer de unos 40 años de edad que caminaba por el parque.

Las paredes de muchas casas han sido construidas de madera y con techos de lámina. Están pintadas con tonalidades pastel: verde, rosado o azul. Incluso tienen un estilo arquitectónico parecido al del viejo oeste estadounidense, tal como lo presentaba Bonanza, la serie de televisión de la década de 1970.

Un destacamento militar y unas 15 tiendas se encargan de dar la bienvenida a los visitantes. “Estábamos teniendo muchos problemas con las maras, pero todo se ha tranquilizado desde que los militares están por acá”, comenta Aram López, coordinador de la unidad de información de la municipalidad local.

Frente al edificio edil se encuentra el pequeño parque en donde hay ventas de licuados, hot dogs, comida típica, emplasticados y una gran cantidad de puestos para hacer llamadas telefónicas nacionales e internacionales. Los zapateros y los heladeros se dan un paseo por allí en busca de clientes.

Un indigente, al que todos llaman Non, alegra todos los días el lugar con sus incomprensibles gritos; todos lo conocen, ríen por sus ocurrencias, le huyen, pero nadie sabe con exactitud quién es.

La estampa del parque la completan una fuente de color verde que casi nunca se enciende, un quiosco de siete peldaños y sostenido por ocho columnas, una cancha de basquetbol, un área infantil, bancas, diminutos jardines y algunas palmeras.

La iglesia de San Bartolomé queda al otro extremo de la municipalidad. Al lado izquierdo del templo, un pequeño mercado y abarroterías, y a la derecha el antiguo edificio municipal, totalmente destruido y abandonado desde que los ex patrulleros de Defensa Civil lo quemaran, en mayo del 2003.

 

Naturaleza

En las afueras de Chicacao se extienden muchas tierras vírgenes, y solo pequeñas áreas han sido exploradas.

A unos siete kilómetros de la cabecera, con trechos de camino empedrado y otros de terracería —en donde solo entra un vehículo de doble tracción—, se encuentra la comunidad Jun Q’anil La Corona. En el viaje nos acompaña personal de la municipalidad y de la Brigada Comunitaria de Socorro, ya que para ingresar en el bosque se debe pedir permiso.

A partir de allí, el color verde es el protagonista. Se siente el aire fresco en la piel y en los pulmones; además, se perciben los aromas de las hojas y la madera. Es impresionante la gran cantidad de riachuelos que corren uno tras otro. Le toma como media hora al 4x4 para llegar a un verdadero paraíso, en donde solo se escucha el murmullo de un río y el cantar de los grillos y de las aves. En el lugar hay una cascada y una piscina natural en donde, los fines de semana, algunos dichosos se refrescan en sus cristalinas aguas.

Más adelante —donde es imposible que ingrese un automóvil— nos acercamos a la catarata El Chorro, de 105 metros de altura, una belleza a unos mil metros sobre el nivel del mar. Para apreciarla, se debe caminar durante 60 ó 90 minutos; en cambio, si se toman descansos, dos horas. En las cercanías hay otras cuatro o cinco cascadas que, si se les quiere visitar, hay que tomarse el día entero, y considerar pernoctar en el bosque nuboso. La fauna de la región se compone de pizotes, mapaches, tepezcuintles, venados de cola blanca y pavos de montaña.

Los aventureros, al atravesar la montaña, divisan la vasta selva y los volcanes Tolimán y Santiago. Eso sí, la recomendación es que siempre se debe ir acompañado por guías y con la autorización de los propietarios de las fincas.

Esas extensiones de tierra, en el largo plazo, podrían convertirse en un proyecto ecológico. Son 25 caballerías de área protegida privada.

La travesía vale la pena, pues, además de tener la oportunidad de realizar largas caminatas y de practicar rapel, también se disfruta del tranquilizador silencio.

 

El nombre

El origen del nombre de Chicacao tiene dos teorías. Una refiere que se derivó del apellido de Francisco Chicajau, indígena que donó dos caballerías para fundar el poblado a cambio de que le repusieran esas tierras en un sitio cercano. Sin embargo, en los archivos del pueblo, su nombre no aparece. Pese a ello, a Chicajau se le representa en el escudo del municipio. La otra teoría es que viene del tz’utujil chi, que significa entre, y cacao, que quiere decir “lugar rico en cacaotales”. Esta es la hipótesis comúnmente aceptada.

 

 

Información general

 

* Chicacao se encuentra a 152 kilómetros de la Ciudad de Guatemala.

* Fue fundado el 5 de marzo de 1889. Fue suprimido por acuerdo gubernativo, el 25 de octubre de ese año. El 11 de diciembre de 1891 se restableció, y fue ratificado por acuerdo, el 28 de mayo de 1898.

* Población: 42 mil 943

* Extensión: 216 kilómetros cuadrados

* Altura: 506 metros sobre el nivel del mar

* Feria titular: 8 de diciembre, en honor a la Virgen de Concepción.

* Para hacer viajes de aventura, llamar al Grupo Adeche/Grupo Gestor Chicacao. Teléfono: 5314-4783

 

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