Soy un mediocre. Me acabo de dar cuenta que envidio los corazones valientes: dispuestos a todos, no le temen a nada. Observaba la multitud de aquel lugar extraño en el que estudio y justo en ese momento lo vi… y me vio… nuestras miradas se cruzaron por un tiempo anormal entre los dos. Se acercaba hacia mí y seguía con esa mirada penetrante que lo caracteriza. Se quedó observándome, yo diría más bien que apreciándome aun cuando se que no tengo nada que justificara ese hecho. El corazón me latía demasiado por lo que intenté calmarlo pellizcándome. Auch! Grito mental.

Yo le hablé, tenía que hacerlo. Permanecía en la misma posición atento a mis palabras, aun cuando sabía que de mi boca salían palabras, creo que con sentido porque asentía con su cabeza. De repente, me acorde de todo lo que pasó el mes anterior: me puse triste y me dieron unas ganas infinitas de besarlo. Necesitaba urgentemente que el supiera de mis sentimientos.

Aparentemente sabía que me iba mover, como si fuera un garabato huyéndole al borrador o un arco iris a los duendes. Lo siento, tengo problemas. Siempre he dicho eso para afirmar dentro de mí que no estoy loco. Había tantas personas a esa hora y en ese lugar como si el destino se burlara justo frente a mí.

Quería abrazarlo. Una descripción corta de él sería: ojos cálidos y piel fría. Si, es absurdamente lo que es. Lo llamaba para mis adentros mi vampiro. Pero ella llegó por detrás, le dio la vuelta y le dio un beso en la boca.

 

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