A pesar de que completamente nunca podemos terminar de aprender ni de descubrir, podemos decir que todas las ciencias son finitas; no así la matemática ni la teología. Por ser esta última residencia del tema a abordar: Dios.

Dios, El Ser Verdadero, es nuestra razón de estar y nuestro cimiento para existir perpetuamente (en el plano espiritual, donde es la existencia); pero muchas cosas nos impiden entender realmente y, una es el uso equívoco de las palabras, por ello la historia cada vez es más difusa y nos baña de galimatías. La verdad es que la complicación resulta tan monumental que, si limitamos nuestra razón dejándonos invadir por la pasión, la lectura de cualquier texto sagrado lejos de fortalecernos nos debilita enormemente. Sin el uso y entendimiento correctos de las palabras no se puede tener raciocinio verdadero; sólo desfigurado.
Respecto a Dios, sus mensajes, preceptos, anuncios y ofrecimientos, empleando dos palabras (creencia y seguridad) mostraré una raíz del caos conceptual que sume a la humanidad. ¡Tener una creencia, o creer, es tener qué?: una opinión; un sentir; un parecer; una impresión… ¡Tener seguridad, estar seguro, es tener qué?: firmeza; evidencia; solidez; certeza, realidad. Es verdad que la mayoría de las palabras del español son polisémicas; pero la energía de cada palabra, según el contexto en que se use, es determinante de su significado. Creencia y seguridad nunca podrán ser una misma cosa (menos cuando se refieren a Dios y/o a sus atributos); creencia es todo aquello que, aun sin la más mínima evidencia o con evidencias aberradas, uno supone que es de tal o cuál manera, mas, sin embargo, aunque no lo perciba y por ende no lo reconozca, no tiene seguridad de que lo que cree sea como lo cree (sólo tiene la “corazonada”, la “idea”, la imaginación, un “pensamiento” que le hace creer); seguridad es todo aquello que se tiene con soporte, todo aquello cuanto podemos demostrar (con pensamientos, con palabras y/o con acciones), es infalibilidad para captar la realidad tal como es y la realidad aparente tal como está. La seguridad es el viaducto por donde transita la verdad; por la sola creencia transita la ambigüedad. Así, como la alcoba es parte de la casa pero la casa no puede ser parte de la alcoba, la creencia cabe dentro de la seguridad pero no la seguridad dentro de la creencia; por ello hay sinonimia entre ambas palabras, lo cual exige gran cuidado cuando deban ser empleadas y entendidas teológicamente (no es muy difícil entender esto, puesto que la aplicación es exactamente igual en todos los ámbitos conceptuales; no sólo en el teológico).
Vayámonos ahora a lo que bíblicamente se describe como nuestros principios: el Génesis. Veamos sólo unos detallitos; veamos cómo puede creerse o no creerse todo eso, y cómo no puede haber seguridad alguna al respecto. Del Génesis veamos del capítulo 1 los versículos del 1 al 5, lo cual dice así: “En el principio crió Dios el cielo y la tierra. La tierra empero, estaba informe y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo: y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas.
Dijo, pues, Dios: Sea la luz. Y la luz fue. Y vió Dios que la luz era buena: y dividió la luz de las tinieblas. A la luz llamó día, y a las tinieblas noche: y así de la tarde aquella y de la mañana siguiente, resultó el primer día”.

¿Acaso antes de crearla, Dios no sabía que la luz era (es) buena?; y así, según el Génesis, Dios continúa dándose cuenta de lo bueno de las cosas después de que las hace.
Veamos ahora, del mismo capítulo, los versículos 14 al 19, dice así: “Dijo después Dios: haya lumbreras o cuerpos luminosos en el firmamento del cielo, que distingan el día y la noche, y señalen los tiempos o las estaciones, los días y los años. A fin de que brillen en el firmamento del cielo, y alumbren la tierra. Y fue hecho así. Hizo, pues, Dios dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor, para que presidiese el día; y la lumbrera menor, para presidir la noche: e hizo las estrellas. Y colocolas en el firmamento o extensión del cielo, para que resplandeciesen sobre la tierra, y presidiesen el día y la noche, y separasen la luz de las tinieblas. Y vió Dios que la cosa era buena. Con lo que de la tarde y mañana, resultó el día cuarto”. Aunque no se sabe de qué ni con qué ¿acaso no fue hecha la luz el día primero?; ¿para qué hacer una lumbrera mayor (se supone que fue el sol, pese a estar demostrado que éste tiene más tiempo de “hechura” que la tierra) si ya la luz estaba hecha?.
Veamos del mismo capítulo el principio del versículo 26; dice así: “Y por fin dijo (Dios): Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra…”. Y el versículo 22 del mismo capítulo dice así: “Y dijo (Dios): Ved ahí a Adán que se ha hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal… ¿Acaso no es un sólo Dios?.

Los ejemplos son multitudinarios y, en ellos, se sustenta “firme” la creencia. Dios ES-EXISTE-PERMANECE. La Energía Universal (DIOS, para hacer más fácil su identificación) es segura; muéstrase por todos lados y no la vemos ¿acaso nosotros mismos no somos una de las más sólidas pruebas de la creación?. Sólo creer en Dios, es dejar la puerta abierta sin saberlo para no creer; es como si Dios tuviera que ganarse nuestra confianza: si se la gana es digno de creer en él, si no, no. La seguridad es otra cosa: se obtiene reconociendo, como prueba de su existencia e inteligencia infinitas, cada una de las cosas que nos rodean (y las que no también pero que sabemos que en alguna parte están) e incluso nuestros cuerpos mismos junto con la chispa de energía que contienen (la cual es nosotros). Es hermosa la fe de seguridad; la de la sola creencia termina arrastrando, poco o mucho, directo a las fauces del fanatismo.

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