Dar y pedir consejos.

Recientemente leí en una red social un intercambio entre amigos comunes de una tercera persona donde uno de ellos lo alentaba a superarse y presentarse a un difícil examen para hacer validos sus estudios previos, y la otra persona lo desalentaba exponiéndole todas las dificultades y perdida valiosa de tiempo que llevaba tremenda misión. Cada uno decía sus verdades, resumiendo los pro y los contras de realizar tan titánica tarea, y desde mi posición de espectadora pasiva quede en un punto medio no sabiendo cual consejo era el mas acertado, pero al analizar mejor me di cuenta que aquella persona que aconsejaba estudiar y presentarse a examen lo había hecho previamente y logrado el éxito después de inmenso sacrificio, mientras que quien aconsejaba no hacerlo se había quedado en posición mas cómoda y nunca había hecho siquiera el intento. Meditando entonces caí en cuenta que en nuestra vida cotidiana muchas veces se nos presenta esa misma situación, somos aconsejados por personas que nos dan sus puntos de vista de cualquier hecho, desde sus propias verdades, tomando su realidad como referencia y defendiéndola con fervor.

Tanto al dar como recibir un CONSEJO se ha de ser muy cuidadoso, tu verdad no siempre es la única, lo que resulta para unos no resulta para otros, no se puede ser absolutos, y hay que valorar bien cada situación en especifico a la hora de emitir criterios. Muchas veces se critica duramente al prójimo ante una determinada actitud o decisión, y no sabemos las reales condiciones que llevan a las personas a realizar ciertas acciones. Hay quienes son muy indecisos y siempre buscan consejos para tomar decisiones, importantes o banales. No todos son buenos consejeros hay quien ni escucha y dice lo primero que se le ocurre, o te da su criterio sesgado por sus referencias personales.

Por eso si es usted de los que pide CONSEJOS con frecuencia, comience a practicar el pensamiento analítico de sus problemas y valorar los pro y contras usted mismo antes que pedir a otros que tomen decisiones por usted. Si por el contrario acostumbra a ir dando su consejo por ahí, se lo pidan o no, tenga en cuenta que cuando lo hace no puede ser a la ligera que tiene que llenarse de empatia y ponerse muy bien en los zapatos ajenos y siempre va a estar cargando con una responsabilidad que no le pertenece.

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