Dar, escuchar, acompañar, arriesgar...Lucio Huertas Mora es mi esposo; hace algunos meses, los tiempos han sido difíciles, pero no estériles.

En este proceso de escribir me encuentro con posibilidades inimaginadas, de crear vida donde yacía algo similar a un cadáver, de crear esperanza, de entender algo más allá de las circunstancias.

En ese camino de escribir me he encontrado con autores que claramente me influyen y que me intentan enseñar, lo que no se si algún día aprenda: justamente a ESCRIBIR;  pues lo que ellos hacen, sustentados en formaciones profundas en universidades nacionales e internacionales, lo que hacen con un vagaje envidiable de trabajos, culturas, lenguaje, estructuras, movimientos, etc; para mí, como para ellos, solo que sin todo el vagaje que pule su talento maravillosamente, es el intento de contar, de encontrar formas de expresar lo expresado siempre o lo no expresado nunca; es casi como respirar.

Dirigido además a un lector que el escritor imagina busca algo al leer, y al volver a leer. Lo que yo he encontrado al leer a un autor sistemáticamente, es que me aporta respuestas sin proponérselo, alternativas a circunstancias que él desconoce, un mundo en el que me hago partícipe sin él conocerme. Eso es lo que añoraría para un lector de estas líneas.

En estos días he tenido ese tipo de encuentros  que influencian, lo que me hace muy feliz. Por ahora nombro el milagro, más no el santo, más por una especie de pudor que por otra cosa.

El camino de los esposos es arduo y complejo, pero también absolutamente atractivo para el alma.

En estos tiempos de remezón en mi vida, he esperado de manera totalmente egoista, ser cuidada, acompañada, tal vez escuchada, ...lo que innegablemente implica un riesgo para el que lo hace, para el que da, un riesgo de incomodidad y de carga, pero bueno, como dije ha sido y lo reconozco así, un anhelo egoista, pocas veces satisfecho.

Creo yo que por un motivo no terrenal, las persoans que podrían hacerlo por una o mil motivaciones, con razón o no, no lo han hecho, considerablemente a la dimensión del drama vivido.

Hace un tiempo se que Lucio lo necesita. Busqué ayuda en algún amigo común, quién dijo de manera un poco incomprensible para mí, que lo iba a pensar, y creo que lo ha tenido que pensar minuciosamente porque hasta el sol de hoy no suena.

Parte de este proceso que he vivido, ha sido aprender a no esperar, o a esperar menos, o a no esperar mucho, o por lo menos creer que no espero tanto.

Aunque pareciera un ciego guiando a otro ciego, he entendido que Lucio me tiene a mí, que no quiero desatender su llamado, yo aún no logro desentenderme de eso, tiendo a estar más de lo requerido talvez, cuándo alguien pasa ciertos dramas humanos.

Este hombre maravilloso, necesita que le de mi escuchar, que le de mi acompañar, que le de mi ARRIESGAR... y con él ese término cabe escribirlo en mayúsculas. Parece que pretendieras salvarlo, me han dicho algunas personas, y seguramente el trauma de heroina sigue en mí, pero también creo que nos desconectamos tanto de los dramas de los demás, cercanos a nosotros además, por esto o por aquello, dejamos de insistir cuando ese otro cierra la puerta, debido a lo que sea que le pase, justificándonos en la lapidaria frase "yo también tengo muchos problemas, ni puedo con los míos como para involucrarme en los de otros" o aveces, en nuestro arraigado sentimiento de juicio:" eso sí él se lo buscó, que asuma sus cosas". Y claro, el asunto no es hundirnos con el otro, pero sí  insistiré en que se trata de acompañarle ahí. 

Pienso en el caso de Omaira rememorado en estos días por el aniversario de la avalancha de Armero, en la que se sepultó todo un pueblo con el lodo del volcán Nevado del Ruíz. Omaira una niña de 14 años, quedó atrapada por el barro del cuello para abajo,  los rescatistas no la pudieron sacar.

Hubo un hombre que la acompañó, un miembro de la defensa civil, sin tener ya nada que hacer por salvarle la vida, pareciendo una torutra para él, no más que para ella, sin esperanzas, la acompañó cuatro días con sus noches hasta que Omaira murió.

Aveces podemos pasar por el lado de alguien que está hundido, o en proceso de hundirse, atrapado en el lodo de la melancolía, que es el peor de todos, y preferimos no acercarnos, y si lo hacemos nos alejamos ante la primera señal de rechazo, muchas veces producto más del efecto del lodo del mundo que de la cercanía necesaria, tal vez lo único que haya que hacer es escuchar, acompañar, arriesgar que implica incomodarse.

En ese proceso de amor con Lucio, como suele pasar con este tipo de dar, yo he recibido más a mi alma de lo que tal vez le he dado.

Me reencuentro con sus dolores, sus fantasmas, sus luchas, sus incomprensiones, sus egoismos también, sus confusiones, sus búsuqedas, sus quejas que me implican y que irremediablemente me conmueven; me reencuentro con un amor que sigue intacto, me reencuentro con las imposibilidades de siempre pero ahora con algo diferente, ese algo que se ha engendrado en mí al distanciarme del que ha sido, mi esposo, con todo lo que eso implica. El riesgo de ser conmovida por este hombre al que amo, es el riesgo de la vida.

Hoy al encontrarnos, luciendo regio como dice mi hermana, pues puede ser que el mundo se caiga pero generalmente luce regio, no de cualquier manera. El no es un hombre corriente, pues en realidad a apesar del camino fatídico de sus fantasías, de los laberintos de su mente, resulta ser aún más vulnerable, más cálido, más ...especial que algunos otros que se sienten diferentes a los demás, con la probabilidad de que efectivamente lo sean.

Compartir la tarde, las preocupaciones, las deudas, las soluciones en las que no hay solución, un tinto, pero él como Thor prefirió chocolate, con pan remojado. Hablamos, le veía tan desconsolado, tan desanimado, tan según él perdido, tan culpabilizado, tan necesitado; le escuché atentamente con mucha dulzura inspirada por cierta inocencia que conserva en su mirada, le hablé lo que pude, tratando de entenderlo, tratando de ofrecer otro punto de vista, y finalmente, le propuse escribir su biografía, a lo que solo sonrió y me dijo, la contaría toda, si la escribes tú.

Este señor es un personaje de mil historias, es un hombre que ha vivido lo divino y lo humano de maneras extremas, tengo el privilegio que a pesar de tantas formas en mí, él dice amarme, aunque aveces no parezca según el dictamen popular, aquel que reza que el amor se demuestra ,siempre, pero creo que aveces, solo aveces, habría que preguntar si el asunto es de fallar en demostrarlo o en fallar en intepretarlo.

Estamos ahí él y yo, en una cocina casi vacía, con nuestro perro como testigo de un encuentro maravilloso, estamos ahí él y yo con tanta historia que ya hasta la estamos olvidando; tal vez, al contarla termine un olvido necesario para renacer... de ese tamaño es este dulce riesgo.

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