Escribo hoy la historia de otra quimera, cual abortivo saldré de su regazo

Que si la amé no fue un fracaso, con los motivos que hoy olvido.

Cuando a tus pies dormía mi apego, que si en su pecho bebí de abrazo,

Ya no hay ligadura ni lazo y el desapego es mortaja de un cariño.

 

No volveré a su vientre caliente, ni ansiaré su vagina contraída;

soy sólo una historia, como otras, perdida; y ella es un mar que arroja en resaca,

soy la simiente, que se queda sin vida.

 

He desgajado ese velo en un sueño. He comprendido el error y me espanto, hoy si con gracia dice quererme, nada  es verdad y me quebranto (Luego de amar sólo hay llanto).

 

No te aborrezco por tanto cariño, ni eres oprobio tras cientos de besos: Eras un barco que así en mi deriva, y era un naufragio sin cuerpo ni sexo.

 

Te arranco de mí al despertar a esta verdad. Te saco del deseo de mis noches a solas. Ya no culpemos a esta ausencia que no es mal de ninguno. Uno renuncia a lo que aborrece de conciencia en las renuencias.

Y es que esta clase de denuncia, en el tribunal de la espera nunca prospera. Ya la experiencia ajena me es suficiente y siempre habrá otro caso en las cortes; pues, en el ocaso de una insulsa despedida, el trote del reloj nunca se para: Si de veras alguien te amara, a ninguna parte ninguno iría.

¿Para qué, melancolía, ceñirme a tu pecho fláccido y seco? Cierta clase de embelecos, han de ser magia e idolatría.

¿No es la hembra quien sigue en vuelo, el viaje raudo de su paloma?  Y es su amor quien todo asoma, en mil cariños quitando velos. Pues, quien te eche en cara algún desvelo, obra conforme a su ardor; porque quien trate con amor (I Corintios 13) obra en términos de pertinencia.

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