Dádiva seguía su cotidianidad con Manuel; en los últimos días había estado un poco afectada, por algunos detalles extraños que ella no entendía muy bien, qué implicaban. Pero en líneas generales todo parecía que seguía bien; por esas variables extrañas, por esos días, hablaban menos, compartían menos con Manuel. Tal vez eran días de mucho trabajo para MANUEL, o simplemente un tiempo diferente, pero algo pasaba.

Carlos Marín, el jefe de Dádiva; era muy reservado, y discretamente lejano, con casi todos con quienes trabajaba; con todos, menos con Dádiva. Con ella habían desarrollado una cierta relación laboral, que aunque sí era formal, él se permitía la indiscreción de comentarle algunas cosas de su vida personal; era como si en algo se identificara con ella, o de alguna manera al hablarle esperara encontrar, o buscar, una palabra refundida que ella le pudiera ayudar a hallar.

Dádiva a su vez, hablaba con él como el jefe; le comentaba detalladamente las contingencias del trabajo, de lo que pasaba en el mundo; de las posibilidades y propuestas que ella creaba; le hablaba con ese aire con el que los niños hablan, sabiendo que los demás se derriten por ellos; DADIVA se fue enamorando de él, sin saber ni cómo. Le parecía tan interesante, todo de él, tan inasequible, tan serio, tan seductor, tan solitario, tan necesitado; tan vulnerable en medio de su seguridad; tan seguro, en medio de su vulnerabilidad; que no podía evitar, sentirse atraída por esas facetas de él, que él mostraba aún más, cuando estaba con ella.

Ella estaba en shock. Más bien, como en el estado que se queda, en esos choques de carretera, cuando se va para un viaje; con maletas listas, rutas, compañeros de viaje, hoteles, destinos, itinerarios; todo acordado; y de repente ocurre algo tan inesperado, que desvía el camino, cambia los planes, anula las reservaciones, y hasta se puede llegar a salir muy herido, si el choque es grave.

Así se sentía DADIVA, de pronto toda la energía de su vida, se apagó. Su ánimo decayó, se volvió muy vulnerable, distraída, algo angustiada, y muy aterrorizada. Para ella nunca habían sido posible los amores a medias, o los simples gustos; esas ocasiones en las que ella fijaba los ojos de manera especial en alguien, no eran un acto pasajero, no lo podía dejar simplemente pasar como algo circunstancial; ella sabía, que su mirada le delataba a su destino, las impertinencias de su corazón.

Nunca antes le había pasado, durante los años tormentosos con Manuel, y menos durante los siguientes, aquellos en los que construyeron juntos un hogar. Se sentía fatal.

Por esos días Manuel tuvo que viajar. Mi amiga me llamó, a comentarme las duras y las maduras por las que estaba pasando; lloraba y lloraba, preguntándome insistentemente, ¿qué iba a hacer? ¿ qué opinaba yo? ¿qué haría si fuera ella?. Yo no tenía ni idea qué decirle, había reciéntemente acabado mi relación con Lucho, y mi nuevo amor, había sido el primero de una fila de caballeros, más bien desubicados en el mundo, con alarde de esos príncipes, que al final quedan sin encanto. Por ello mi ánimo tampoco era el mejor para aconsejarla, y ¿qué le podría decir?, ¿qué se puede decir en una situación así?

Yo no era muy cercana a Manuel, pues él me parecía de esos hombres algo insulsos, que se sienten la mejor coca cola del desierto, como decimos a veces por estos lares. Pero había sido yo fiel testigo de su amor, y todo lo que habían hecho juntos, aún cuando él me quitara tanto a mi amiga, lo respetaba por estar ahí; intentando, valiente. Pero por otro lado, según lo que decía Dádiva, Carlos Marín, era el típico seductor, de aquellos que finalmente no van a salir con nada, pero del que es difícil soltarse, tienen un  embrujo peligroso.

Según entendía yo, era de esos hombres, conciente o inconcientemente perversos. Y finalmente, por otra parte, conocía muy bien a mi amiga, y sabía que su corazón, pocas veces daba marcha atrás.

Me quedé varios días en su casa acompañándola, escuhándola como siempre hacíamos, callando, más que otra cosa estando ahí. Trataba de animarla a ver otras cosas en su vida, además de esto que pasaba con CARLOS,  con su esposo, o con ambos, o con ninguno; no sé tal vez al final de cuentas, yo estaba más confundida que ella; pero lo cierto es que ella estaba desconsolada por MANUEL y por ella. Pensaba en renunciar, pero era difícil conseguir un trabajo por esos tiempos; y aunque por estos también; aquel trabajo era muy bien pago, y con Manuel necesitaban ese ingreso. Ninguna de las dos realmente, sabíamos qué hacer.

Una tarde pasó lo esperable, era la muerte anunciada. Carlos la invitó a salir. Hasta el momento solo era algo medio platónico; pero esa era la ocasión que se veía venir; era la ocasión o para huir, o para dar un paso, a un estado peor. Obviamente Dádiva, mi dulce amiga, optó por la segundo, y aceptó.

Aveces nos preguntábamos ella y yo, si en realidad hay posibilidad de huir en medio de estas situaciones, pues parece como si el corazón tomara vida independiente, se saliera de uno, y se depositara en un receptor, que aunque no es apto, es el receptor de toditico él; por lo tanto, al intentar huir del receptor, ¿qué de uno, es lo que se va?, y ¿qué se queda?.

Evidéntemente se va el cuerpo, y el corazón se queda; por fuera de uno, y en manos de alguien, que no lo sabe atesorar, ¿ cómo se puede, en esta huída, sobrevivir así?

Entonces, derrotada por sus propios argumentos, tanto de defensa como de ataque, salieron a comer. Hablaron, rieron; este hombre resultó tan encantador, que ella sucumbió a un momento, al lapso necesario, para olvidarse de todo, estando ahí con él; ese olvido momentáneo, fue perder la principal defensa que DADIVA habría podido tener contra lo exterior, pero principalmente frente a ciertos caprichos del querer.

Se olvidó de su hogar, de su historia con Manuel, de sus dulces rutinas, de tantas tormentas ganadas; y al oír que CARLOS, le decía que creía que la quería, todo entró en un abismo sin retorno.

¿Por qué Carlos le diría esto, sabiendo que Dádiva tenía una vida familiar significativa? ¿ por qué se entrometería en medio de una historia de dos, sin la intención de por lo menos raptarla, lo cual por lo menos tendría algún sentido, sino solo pareciera, buscara afectarla? ¿ qué buscaba Carlos? ¿ le pasaría como al poeta, que no puede escribir, en este caso, que no puede amar, porque su mente está absorvida por los placeres cómodos, que lo obnubilan, le impedían decir los versos?, solo por ¿placer temporal, alimentar su ego, probar qué puede lograr?; ¿solo por eso, se metió allí, entre DADIVA y MANUEL? o será que buscaba algo más, tal vez, como los asesinos en serie, reescenificar una y otra vez, la tragedia de Edipo, lo que probablemente, le da algo de vida a su propio cautiverio.

De manera más que sorprendente, y, seguro no lo podrán creer, pero así ocurrió. Yo había quedado sin trabajo por esos días. No sé cómo, se me ocurrió mandarle una carta al alcalde de la época, el señor Antanas Mockus, presentándome y exponiendo algunas ideas de trabajo en el área social. La radiqué en la alcaldía sin ni siquiera conocerlo.

A la semana siguiente me llamaron, para que me presentara en la oficina de personal; impresionada por el hecho, llegué allí; me encontré conque ya había un contrato listo para mí, pues mi hoja de vida, tenía la recomendación de nada más, ni nada menos, que el alcalde; estaba ya todo dispuesto para que empezara a trabajar, en el proyecto que dirigía un tal Carlos Marín.

Llamé a mi amiga, emocionada, conmovida, y le conté ésto que pasaba, sin creerlo aún. Ella se alegró también, trabajaríamos ahora juntas, como en los viejos tiempos. Llegué al día siguiente a ese lugar, me presentaron a todo el mundo, se sentía de entrada ese ambiente competitivo de los profesionales, entorno a qué saber, debe imperar en el recinto.

Armamos un temerario equipo ella y yo,  hicimos cosas increíbles, nos gastamos un discurso realmente estupendo; era como llevar a la acción, todas esas cosas que construíamos antes, en tantas conversaciones de cafetería, de domingos, o de cualquier otro día juntas.

Yo hablaba muy exporádicamente con Carlos, sin él saber lo que yo sabía de su relación con Dádiva; él evidentemente me parecía interesante, algo intimidante , pero demasiado ... no sé, tenía eso mismo que me parecía a mí, tenían los pretendientes ocasionales de los bailes de los viernes en la universidad; que de entrada, más bien me aburrían, como demasiado bonitos, o demasidado seguros de sí mismos; pero entendía que era el tipo de hombre que le gustaba a mi AMIGA, aquellos que creían ser las últimas coca colas del desierto.

Me gustaba mucho mi trabajo allí, porque de alguna forma era como volver a la universidad. Nos encontrábamos temprano con Dádiva, para el necesario desahogo mañanero, con un café muy caliente; trabajábamos inspiradas en sentir una interlocución tan maravillosa, como la que ella y yo teníamos, en medio de un ambiente difícil. Ibamos a almorzar juntas a su casa que era muy cerca, y al terminar la jornada en la tarde, muchas veces repetíamos nuestro planes juveniles, de ir a hacer algo al centro, o cerca de la universidad.

Escuchaba y escuchaba los delirios de Dádiva, los secretos de sus encuentros con CARLOS, los desencuentros con Manuel. Era todo una película drama, horror, y romance.

Como en medio de una pesadilla, recuerdo, que de repente una tarde, ella me llamó, muy seria. Me dijo que no quería volver a hablar conmigo nunca, que ella sabía, que a pesar de yo saber lo que sentía ella, yo iba a quitarle a Carlos; además de pensar en su anhelo inocente, como si alguna vez hubiese sido de ella, no lo podía creer. Fue como una puñalada triple al corazón, a la historia, a la memoria, a la amistad. Solo le pregunté a mi amiga de tanto años, de tantas tragedias, de tantas dichas... ¿qué te pasa? ¿Por qué dices eso? ¿tú sabes que nunca haría eso, ni siquiera me gusta CARLOS?

Aunque de alguna manera la entendía, creo que ella dudaba ya de todo, de sí misma, y ahi en ella estaba yo. ¿ Cómo podría asegurarse que yo no haría algo así , y dejarla totalmente desolada?; si ella misma, había caído en algo que jamás creyó pudiera hacer, ni hacerse a ella misma, y menos a su irremplazable MANUEL

Ella fuera de sí totalmente, siguió la perorata, que ya en ese momento decidí no debatirle; me dijo que veía cómo él me miraba, cómo él hablaba conmigo, que yo le gustaba; que no soportaba, cómo yo me exponía delante de él, en las reuniones de trabajo, para quedar como una princesa; que no se permitiría, seguir siendo amiga de alguien que era, como aquella prima que tuvo, que le quitó su primer novio, o como su hermana mayor, que era la bonita de la familia, y se quedaba con quien ella anhelaba, o como la tía que siempre menospreciaba a su mamá.

¿Qué dices? sentía lágrimas en mis ojos, me dolía profundamente mi AMIGA, en ese momento en un flashback, recordé todas las distancias que ella ponía entre Manuel y yo, que yo había creído, ella lo hacía por tramitar cierta antipatía que había entre los dos; vino a mi memoria su envidia en la universidad; sus comentarios sobre lo que veía en mí, casi enamorada; y entendí, que en ese instante, un instante funesto, estaba perdiendo a mi amiga, tal vez la única que tuve; por sus fantasmas que la envistieron sin compasión, estando ella muy débil.

Viví uno de los mayores duelos de mi vida, ella era mi otro yo, o algo así, como un alter. La quería tanto, habíamos vivido tantas cosas, que no podía ni mirarla en el trabajo que seguimos compartiendo, ya no como un equipo imparable, sino más en una tensión dolorosa. Ella en las reuniones de trabajo me atacaba, como antes lo había hecho con sus peores detractores; me ignoraba en la vida diaria, se cambió de la oficina que compartíamos juntas, y me alejó radicalmente de su vida.

Manuel ya había vuelto de su viaje, encontrando a su esposa sin alma. El idilio de ella y Carlos duró poco, pues a las pocas semanas, de alejarse de mí, Carlos despareció. Viajó fuera de la ciudad sin fecha de regreso, desde hacía varios meses sabía que se iría, pues una nueva oportunidad en Cartagena había surgido para él. Se fue, dejando a Dádiva con todo su mundo hecho añicos; con un esposo en espera de que ella volviera, con una amiga a la que ella mató, y con su corazón con todo por resolver.

Dádiva se fue de su casa, a intentar resolver las cosas, sola. Encontrándose más sola que nunca, confundida, descepcionada de Carlos, de mí, de ella, y hasta de MANUEL; ahora andaría por un valle muy oscuro, en el que no podría acompañarla; nunca más nos volveríamos a hablar. Pero la historia no terminaría ahí.

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