La empresa debe hacer un seguimiento y análisis de la tecnología utilizada por la competencia y mantener información actualizada sobre nuevas patentes y legislación, así como de posibles programas públicos de subvenciones a la I+D y la innovación (I+D+i) o exenciones fiscales.

La organización debe contar con una agenda actualizada de sus fuentes externas de conocimientos y utilizarla para incorporar nuevas tecnologías a sus procesos y productos, e incorporar la vigilancia y prospectiva tecnológica a la estrategia y la gestión de la empresa.

La empresa debe conocer cuales son los conocimientos y tecnologías clave en que se apoya su negocio y analizar posibles mejoras de forma continua.

La empresa debe contar con un plan estratégico para la incorporación de nuevas tecnologías y su uso en la concepción, el diseño y la producción de nuevos productos, nombrar un responsable y asignar un presupuesto a este fin.

La empresa debe establecer criterios y procedimientos para decidir que actividades de I+D se hacen internamente y cuales se externalizan o subcontratan. Por ejemplo, la empresa puede subcontratar las actividades no asociadas a tecnologías clave en el negocio y realizar a nivel interno las que si estén ligadas a tecnologías clave para la estrategia competitiva de la empresa.

La existencia de un departamento de I+D formal es una variable significativa en el comportamiento innovador de la empresa.

La empresa debe gestionar sus activos de propiedad intelectual, como patentes, licencias, marcas, secretos industriales, etc., realizando un inventario y valorándolos en términos económicos y decidiendo sobre si conviene o no protegerlos legalmente.

La empresa debe proteger su tecnología frente a los competidores. Para ello cuenta básicamente con los siguientes mecanismos:

Secreto industrial: se basa en el compromiso de las personas que intervienen en su creación, desarrollo y aplicación de no divulgarla. Este compromiso se puede formalizar en un contrato. Es el mecanismo más sencillo.

Propiedad intelectual o derechos de autor: protección de ideas, reinventores o artistas.

Propiedad industrial: protección de creaciones industriales de aplicación práctica. Puede adoptar la forma de patentes, modelos de utilidad, creaciones estéticas (modelos y dibujos industriales), signos distintivos (marcas y denominaciones de origen) o topografías de semiconductores.

Protecciones especiales: como los programas informáticos, las variedades vegetales y los circuitos electrónicos.

 

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