Acabo de dar con una noticia de lo más emocionante... para el área de la salud, claro, y es que, una de las enfermedades más terribles que han existido desde el inicio de los tiempos, podría encontrar pronto su final. Nop, no es el SIDA, dije que desde el inicio de los tiempos y del sida no se supo nada hasta el 5 de junio de 1981. De lo que hablo es nada más y nada menos que del cáncer. Entre tumores y malformaciones, el cáncer es una de las enfermedades que más muertes ocasiona en el mundo y no existe ninguna cura definitiva para ella y, las que existen, pues requieren de mucha suerte. Mediante radiación y quimioterapia, junto a algunos milagros que han ocurrido por ahí, hay personas que se han logrado salvar de una muerte segura y, sin embargo, el 20% de ellos recupera su cáncer en un lapso de apróximadamente 10 años.

Lo que les voy a contar ahora es el caso de Nick Wilkins, quien fuera diagnósticado con leucemia a la corta edad de 4 años. Gracias a la quimioterapia y a la radiación logró sobrevivir hasta los 14 años, pero aun no se sanaba, los doctores ya no sabían que hacer y solo quedaba esperar su muerte. Como ya no tenía nada que perder, su padre lo llevó a que participara en una terapia experimental contra el cáncer llevada a cabo por la Universidad de Pennsylvania. A diferencia de otras terapias en que se atacan a las células cancerígenas, este experimento tenía como objetivo enseñarle a nuestro propio sistema inmunológico a deshacerse de ellas. Dos meses después de iniciado el tratamiento, Nick Wilkins ya no tenía cáncer.

En la terapia, los médicos eliminan primero las células T del paciente, que desempeñan un papel crucial en el sistema inmunológico. A continuación, reprograman las células mediante la transferencia de genes nuevos. Una vez infundida de nuevo en el cuerpo, cada célula modificada se multiplica por 10.000. Estas células a continuación, localizan y matan el cáncer en el cuerpo del paciente.

Aun no es perfecto y todavía están experimentando con esta nueva técnica. De los 37 adultos que participaron, solo 12 sanaron completamente y otros 8 de forma parcial. Y de los 12 que sanaron, uno volvió a recuperar su cáncer. Y sin embargo, estos números son más prometedores que la quimio y la radiación.

Tampoco hay que olvidar los efectos secundarios. El tratamiento produce síntomas de gripe y, en un momento, Nick se puso tan enfermo que fue a parar a la Unidad de Cuidados Intensivos durante un día completo. Aunque estos efectos secundarios son menores que los producidos por la quimioterapia y la radiación que, además de perdurar en el tiempo, son mucho más dañinos.

Adiós radiación y quimioterapia

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