tranquilidad

Como cultivar la serenidad

En un mundo tan convulsionado como el que vivimos, para algunos hablar de serenidad es hablar en lengua marciana (no existe). La serenidad, es al parecer esa emoción olvidada en peligro de extinción, como algunas especies condenadas a desaparecer, del reino animal (entre ellas ballenas, loros…). El ritmo de vida de nuestros días es cada vez más acelerado, haciendo cuesta arriba que; podamos encontrar los tan ansiados momentos de tranquilidad para establecer los fundamentos para nuestro bienestar.

Cuando salimos de nuestras casas cada día, angustiados, apurados, por todas las tareas que nos toca desarrollar, conseguir, lograr, sin pararnos a pensar por unos instantes en el esfuerzo tan grande que hacemos por esta forma de vida que llevamos. Anhelamos rendidamente el momento en que sea posible alcanzar una vida más tranquila sin asumir que depende en gran medida de cambiar comportamiento y actitud por nuestra parte.

Es válido suponer que la serenidad se ha convertido en algo exquisito solo reservado, para gurús, guías espirituales o tal vez algo que se cultiva o para practicar en sitios sagrados, lejos del mundanal ruido.

Es una necesidad perentoria aprender los fundamentos esenciales que nos lleven a cultivar la serenidad, porque solo en presencia de esta emoción podemos alcanzar el disfrute y el reconocimiento de las cosas buenas, hermosas, de calidad, en la vida.

Son innumerables los autores de cualquier corriente de pensamiento y conocimiento humanístico, de la necesidad que tenemos los seres humanos de crecer ahí donde nos encontremos, este principio tiende a establecer lazos con nuestra mejor manera de ser, cualidades y talentos de tal condición que; estamos conscientes de que son los vehículos apropiados para acercarnos a los demás. La serenidad es una emoción netamente positiva que nos impulsa hacia ese objetivo.

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Serenidad, emoción calma

Luego entonces se establece que; la serenidad es una emoción calma, “serena” (disculpen la redundancia), que experimentamos cuando salimos a caminar para gozar de las manifestaciones de la naturaleza; la brisa, la fragancia de las plantas, las flores…, podemos descansar en nuestro hogar luego de una extenuante jornada de trabajo, cuando estamos rodeados de nuestros seres queridos, con la música que más nos agrada en fin…

Un buen indicativo para reconocer esos momentos especialísimos, es cuando reflexionamos y pensamos. “Sería tan agradable repetir estos momentos más a menudo”, porque posiblemente lo que en el momento estamos experimentando, sea en verdad serenidad.

Algunas premisas para estar serenos

1.- La práctica de algún ejercicio que nos provea del beneficio que optimice nuestra salud física y mental, caminar al menos de 20 a 30 minutos diarios con la mente libre de las preocupaciones del día a día. Seguramente, esto puede elevar considerablemente nuestro nivel de endorfinas (hormona del placer) mejorando de esta manera nuestro ánimo.

2.- Vivir con la atención plena en lo que estamos haciendo. Nos pasa sin darnos cuenta que pasamos de una actividad a otra sin pausa… Sin embargo, seríamos incluso más productivos, si atendiéramos una sola actividad a la vez, esto nos daría un poco más de tranquilidad.

3.- Aprender algún ejercicio de relajación para practicarlo aunado a un buen ejercicio respiratorio, meditar, orar, y conectarnos así con la esencia de la serenidad, apartándonos de la ansiedad y la inquietud que pueda perturbarnos.

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