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Resultan atractivos en ocasiones, según donde se encuentren situados y hasta pueden resultar graciosos si se encuentran en la cara o cerca de la boca, dándole al rostro un toque de personalidad. Pero uno de estos insignificantes puntitos puede experimentar una transformación y convertirse en algo muy peligroso de la noche a la mañana. Los lunares que nos acompañan y que nos son muy familiares, si mantienen un color marrón o casi negro uniforme, no presentan peligro alguno, pero si es aconsejable observarlos de cerca de vez en cuando.

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Si un lunar cambia de color o si presenta puntios rojos, blancos o de cualquier otro color hay que acudir al especialista antes que sea demasiado tarde. Los lunares son pequeños tumores que se forman cuando las células pigmentadas crecen y se agrupan. Algunos ya están presentes cuando nacemos, otros aparecen en la niñez y otros van apareciendo hasta los 40 años aproximadamente. ¿Se puede convertir un lunar normal en melanoma?.  

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Si, aunque los lunares comunes no son cancerosos, pueden sufrir una mutación por lo que es conveniente observarlos de cerca e informar al médico se se observa alguno de los cambios siguientes:

1º Si el lunar cambia su color habitual.

2º Si el lunar comienza a crecer demasiado.

3º Si la superficie del lunar se vuelve escamosa. 

4º Si cambia de forma o altura.

5º Si el lunar se pone duro o con bultos.

6º Si duele o se siente comezón.

7º Si sangra hay que acudir rápidamente al médico.

Y nunca hay que olvidar que prevenir es curar.

 

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