Las cuatro estaciones del año.


Si nos ponemos a pensar con detenimiento, la vida de los seres vivos y en especial los humanos se comporta de manera similar a las estaciones del año. Quizas sea la nostalgia que acompaña la época navideña pero hasta hoy nunca había asociado estas dos circunstancias, o será que con los años nos volvemos más filosóficos con la cotidianidad.
La primavera es similar a la niñez y juventud temprana. Etapa fértil de mente y cuerpo. Llena de colores y alegría, donde como sucede con las plantas, todo puede ser moldeado de acuerdo a los cuidados y atenciones que sean proporcionados. El verano nos recuerda una juventud avanzada, más madura. Con calor afectivo, aun fértil y moldeable pero menos que la etapa anterior. Llena de vida y colores.
El otoño ha sido usado incluso como sinónimo de envejecimiento. Como las hojas de los arboles caen, así sucede con las personas. Lo gris se apodera del entorno, los dias se acortan y las noches se alargan. Finalmente el invierno, con su blanco característico, sereno y apacible pero lleno de nostalgia, es la viva representación de la ancianidad. Incluso se termina cada año en un dia invernal y aunque para ser justos el siguiente también comienza en invierno, no podrán negar que esta curiosa analogía es como para poner la piel de gallina a quien lo piense con detenimiento.

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