hecha a volar

Hijos - Cuando los hijos crecen

Pocos deben ser los momentos en la vida que nos ofrecen esta mezcla de sentimientos y emociones. A una madre le cuesta mucho comprender acabadamente todo lo que implica que su hijo ha emprendido su propio vuelo, ha abandonado su nido original.
Quedaron atrás la niñez, los juguetes, los paseos, Papá Noel, los Reyes Magos, las exigencias de estudio, tener que comprar el calzado nuevo que necesita; ver si no se le calleron las frazadas en una fría noche de invierno; velar por que tenga todo lo necesario, que se alimente adecuadamente, que no se le vaya a quedar algún trauma por algo, que tenga amigos correctos; y por sobre todas las cosas: educar, educar y educar.
Ahora, cuando nuestro hijo parte, comienza a valerse por sí mismo y comienza a tomar las primeras decisiones solo; es, sin duda alguna, uno de los momentos más difíciles en la vida de una madre.
Ahora solo podemos; siempre y cuando sea posible y nos lo permita, dar una simple opinión, sugerencia y confiar en la educación que le dimos. También podemos rezar, quienes somos creyentes, y pedirle a Dios que ilumine su mente en la toma de decisiones.
Pensando si de ésta etapa puedo rescatar algo positivo, bueno, quizás pueda concluir que sí, sin duda alguna. El fin de una etapa implica el comienzo de una nueva. Esto significa que ahora tengo más tiempo para mí; poder retomar actividades que me gustan que antes, hasta hace poco tiempo, no podía llevar a cabo.
No creo que las preocupaciones vayan a disminuir con respecto a antes. Sin embargo, puedo rescatar también la sensación del deber cumplido y la satisfacción de poder ya ir recibiendo los buenos resultados.
Deseo, que a pesar de los errores que pueda cometer en su camino mi hijo, al igual que todos, y que además tiene derecho de cometerlos; siempre tengamos también gratificaciones y satisfacciones, y que junto con las nuevas cosas que podemos realizar ahora nos podamos sentir plenos y llenos de dicha. Así sean esas cosas grandes o pequeñas; lo que importa es que son esos gratos momentos que componen la felicidad. Como alguien dijo alguna vez: la felicidad no es un estado permanente, sino la suma de pequeños y gratos momentos.

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