Gabo dice que si escribir una novela es pegar ladrillos, escribir un cuento, es vaciar en concreto.

La idea de escribir relatos e historias, surge en el escribiente como un nacimiento tan natural, como el de conversar. Hay quienes encontramos en el contar historias, la manera de hablar, sin encontrar otra escapatoria al perentorio uso del lenguaje; tal vez en primera instancia, eso es lo que convoca, el tipo de relación personal que se establece con lo que está por decir y la manera de darle enunciación, es decir, qué privilegia el escribiente al escuchar las historias explícitas o no contadas, de lo que le rodea.

Por eso mismo, plantea Gabo, la duda de que se pueda enseñar a escribir a alguien para quien relatar no sea una necesidad de comunicar.  De allí en adelante podrá enseñarse la técnica y formas, que moldean el anhelo de decir. Cuán feliz hubiese sido en los talleres con GABO, en la escuela de San Antonio de los Baños, en Cuba.

Seguramente el anhelo de relatar, tiene sus raíces vitales en la manera en que en la niñez, nos relacionamos con los RELATOS.

En mi caso tuve un maestro maravilloso, mi papá. Relator de situaciones, cuentos, escenas; acaparaba nuestra atención en aquellas noches en las que en la mesa, con la familia reunida, nos regalaba relatos, con el propósito específico de divertirse. Por ello la génesis del relato estuvo en mi crianza, anclado al reir, aún de tragedias, como la de cierta paloma que vió morir sus crías de hambre, relato que él contaba cantando.

Tal vez por ello, se desarrolló en mí una mirada de las situaciones que podría catalogarse como burlesca; pero que más que ofender a alguien, busca en medio de la maleza de variables que la hacen, escudriñar esa perla particular, que aveces con sarcasmo, con inocencia, con algo de talento, provoca reir, como una estrategia maravillosa frente a los avatares de la vida.

Hace poco me encontré con las claridades didácticas acerca de los cuentos cortos, y los cuentos largos. Con un escritor que me ha permitido aprender un poco a su lado, en medio de clases poco convencionales, trato de identificar algunas esencias de las técnicas en su estilo acusioso y riguroso. En medio de esa sutil enseñanza, encuentro un mundo desconocido en el que las teorizaciones sobre el escribir, resultan aveces siendo normas que encasillan, por lo que me detengo para sumergirme en lo que me interesa, al recordar que tanto mi papá como la mamá de Gabo no tenían estructuras normativas para contar, más que la de la intención y necesidad de decir algo a traves de sus relatos.

Por ello inicialmente consideraré las normas como algo de lo cual cuidarse mientras se establece el estilo; antes de creer que se es un buen escritor, por no adjetivizar tanto, o por lograr establecer el misterio, la unidad o tensión del cuento, es necesario andar en las letras, en el interior y exterior, para lograr tal vez, llegar a escribir.

El cuento es una sugerencia en el aire, a través de algo nombrado y a la vez no, sin un antes ni un después explícito, se sugiere una historia para que el lector juegue con lo que añade o quita a la historia. Esa es entre otras cosas el aporte del CUENTO como herramienta clínica en psicoanálisis, él entraña una serie de sutilezas sugeridas, cuya interpretación, sentido e importancia, depende del depósito fantasmático de quien lo lee.

Puede resultar un camino confuso si alguien pretende interpretar un cuento como una verdad estática, la verdad en él es tan dinámica como la ficción y la imaginación que se entreteje entre escritor y lector. El cuento termina construyendo una verdad ajena a sí mismo.

Frente a cualquier escena que atrape mi atención, en la calle, en las noticias, en una conversación, en una película, en una frase, en un relato, en las viviencias propias o de otros; intento armar una historia, con elementos ficticios y reales, para dar cuerpo a una HISTORIA imaginada, que en esencia busco que me divierta, me permita construir algo, aburra cada vez menos, y sea bella. Para que como diría Gabo si alguien la tira por la ventana, tal vez tenga yo la fortuna de que alguien más la recoja; y como también él diría, no me de pena seguir escribiendo.

Me descubro cuando voy caminando, cuando me acuesto, cuando me levanto, cuando escucho, cuando cocino; relatando historias del arsenal de cotidianidades que me abruman. Relatar, relatar, adornar, extrapolar, convertir, soñar, crear...todo ello ocurre en el acto de escribir. Finalmente los diálogos están hechos de cuentos que bordean las verdades de cada quien; un cuento del amor, un cuento de la desolación, un cuento de la decepción, un CUENTO de la enfermedad, un cuento de la fantasía, un cuento de la felicidad, un cuento de lo que hacemos, un cuento de lo que no podemos; inexorablemente somos un CUENTO relatado, que algunos preferimos ESCRIBIR.

El cuento

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