¿Cual de los dos soy?

 

Cuando se nace sin una identidad sexual, sin saber que es lo que verdaderamente nos gusta, nos atrae; no sabemos si definirnos en seguir el camino del supuesto equilibrio, de las tradiciones sociales en donde una familia tiene que estar constituida por un hombre y una mujer o enfrentar la realidad de lo que sentimos pero que tanto escondemos.

Sabemos claramente que nos gustan las personas de nuestro mismo genero, nos soñamos con estar con ella, con besarla, acariciarla; pero transcurre mucho tiempo antes de decidirnos a vivir aquello que tantas veces nos imaginamos.

Enfrentarnos a una familia en donde el padre espera que su hijo sea todo un “barón” que tenga una esposa y que le de nietos y a una sociedad que se molesta con las manifestaciones de afecto entre personas del mismo sexo que piensa que el gay o la lesbiana son enfermos, nos lleva a ocultar un sentimiento, algo tan elemental,  profundo y sano como lo es el amor.

Nos negamos la posibilidad de darnos un abrazo en un parque pero también nos sonrojamos al salir de un bar creado específicamente para nosotros, (lugares para la distracción que parecen mas bien cuevas para delincuentes) convirtiéndonos entonces en cómplices del rechazo comunitario. Nos tenemos que ganar el espacio que nos merecemos no por ser personas distintas en preferencias sexuales sino por ser seres humanos diferentes en esencia como lo somos todos.

¿Soy aquel que se enamora en penumbras, que ama en silencio o que besa a escondidas o soy aquel que habla a su familia, que enfrenta a la sociedad y que no se miente a si mismo?

Sea este o aquel no me puedo negar lo que siento, le puedo mentir a una sociedad y fingirle a una familia pero no me puedo mentir a mi mismo, no puedo ser lo que los demás quieren que yo sea.

Puedo optar por la discreción pero nunca debo dejar de amar

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