Todas quisiéramos una selfie con el líder del mundo libre.

Los celos existen desde que en el medio de una relación cavernícola, un hombre digno de participar en Los Picapiedras, miró a un lado distinto de donde estaba su Homo-Sapiens, con la que decidió establecerse. Quizás antes. Seguramente Eva tenía celos de los animales, o del viento, o de Dios. Quién sabe. Sin embargo, la vorágine moderna comenzó nada más y nada menos que en el funeral de Nelson Mandela, donde unas 'selfies' entre la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, parecían poner de bastante mal humor a doña Michelle, la primera dama Norteamericana.

Sí, nadie escapa de los celos. Ni siquiera las personalidades, aquellos que conocemos por famosos, y cuyas vidas parecieran absolutamente distintas de las nuestras, al igual que sus relaciones. La expresión de pocos amigos de Mrs. Obama dio la vuelta al mundo, y en pocos minutos eran miles los memes del incómodo momento. Bastaron 4 ó 5 imágenes para que las mujeres del mundo se sintieran respaldadas, nada más y nada menos, que por la señora Obama. Muchísimas fueron las mujeres orgullosas por la reacción de la mujer y las consecuencias que tendrían los hechos para la famosa pareja, al punto de imaginar dónde dormiría el Presidente aquella noche.

Tan solo unos días después, las cuaimas del mundo se sintieron acompañadas en su cruazada de celos una vez más, ya que otra de nuestras tan queridas celebridades se vió expuesta al ser publicadas una serie de imágenes donde David Beckham no le perdía pisada al buen cuerpo de las cheerleaders de Los Ángeles Lakers, con el mal tino de tener a su disgustada esposa, Victoria, justo a unos centímetros de él. Trascendió que la cantante no le dirigió la palabra durante el partido, y que, tras una breve discusión, David se dedicó a seguir mirando el partido, y por supuesto, a las agraciadas porristas que animaban a su equipo.

Y es que hace unos meses salió a la luz el escándalo que armó Shakira al encontrar fotos de otra artista semidesnuda en el celular de su novio y padre de su hijo, Gerard Piqué. Shakira, esa cantante que creíamos desenfadada y ligera, también es una cuaima. Pareciera estar en nuestros genes, justo al lado de la sensibilidad para escuchar el llanto de nuestros bebés o de nuestra tendencia a querer comer chocolate cada vez que está por acercarse el período.

Ser cuaima está de moda. Si la poderosa y elegante esposa del líder del mundo libre o la multimillonaria, increíblemente bella y talentosa ex Spice Girl pueden armar una escena de celos, es absolutamente normal que María, Valeria o Carolina se indignen cuando sus respectivas parejas de turno dediquen miradas extra a los móviles mientras comparten con ellas, o desvíen sus miradas a la mesa contigua en plena cena de aniversario. Los eventos del último mes solamente han reafirmado la capacidad de las mujeres de defender su territorio, y comprobarnos a nosotras, las de a pie, que la inseguridad en la pareja es, en cualquier ámbito de cualquier sociedad, la regla y no la excepción.

 

¿Y tú, qué piensas de los celos?

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