Crónica para ti

Sucedió un jueves en la ciudad de Caracas, de esos donde se comienza a hacer planes para el fin de semana y los pesos en los hombros comienzan a alejarse. También era uno de esos jueves donde solo provoca sentarse a tomar un café y hablar hasta llegar al tema político.

Me tomé la molestia de dar una vuelta por los palos grandes, una zona que para mí suele ser catarsis en medio de tanto alboroto. El día me olía a nostalgia y la calle me sabía a puro sentimiento, el azul del cielo asomaba matices grises y decidí estacionar frente a un café llamado Amelie, me adentré en sus no más de 20 mts cuadrados, su ambiente inspirado en una casa para tomar el té y sus seis mesas pegadas que te invitan a escuchar las conversaciones de los invitados me hicieron recordar buenos tiempos.

A mi lado derecho una pareja de unos 20 años con dos cafés y una torta red velvet en medio, se reían y hablaban de lo difícil que iba a ser emigrar a Europa en unos meses. Él, moreno y con una sonrisa encantadora que no esconde tristezas, unos ojos divertidos y una espalda bendecida por el mismo Dios. Ella, perdida en las bromas que el decía, con un moño a medio hacer color castaño, unos ojos grandes y dos rulitos guindándo a cada lado de su cara.

Ambos se reían, hablaban de situaciones hipotéticas que podrían darse entre los dos luego de haberse separado un tiempo, él, decidido a formar parte de la comunidad de venezolanos en España y ella fiel creyente de que Venezuela le gusta más; intento calcular cuánto tiempo va a tardar cualquiera de los dos para echar su brazo a torcer e irse por la opción del otro, no lo logro. La felicidad que brota de sus risas y de sus hipótesis lejanas no los deja ver lo cruel de separarse, es tan puro que contagia, ni yo misma podía imaginar el dolor de la separación, solo pude adentrarme en esas fantasías de verse a los 25 y quererse como ahora.

Me pregunto si los juntó el destino, porque él es así, te da y te quita.

Pasaron unos 15 minutos y seguían risueños hablando de vivencias colegiales que recuerdan con gusto, aparentemente ella lo buscó a él, sin embargo él alega haberla buscado antes y conseguir un rechazo.

No sé cuando tiempo me perdí en su conversación. Me sentí parte del colegio en que estudiaron, de las tradiciones, la graduación y hasta de la película que iban a ver mañana después de que el pusiera a descargarla toda la noche. Fue una conversación tan llena de detalles y emociones, que parecía que el café no existiese y que se trasladaban a cada momento qué nombraban, la frase de hacer el amor con las palabras, cobraba vida.

Después de pasar media hora volando entre piscinadas, fiestas, idas a la playa, un mirador en la ciudad, un asalto en el Ávila, me descuidé tomando el café y me quemó el paladar, entré en razón, fue como caer del cielo y pegar el cachete contra el piso, al levantarme no vi a ninguna pareja a mi lado, parecía que el espejo del local estaba puesto aproposito para este momento, me vi sola tomando café y recordándote a ti.

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