Imagen de similitud a las carabelas

Cristóbal Colón no descubrió América en Octube

Introducción

Aprovechando la llegada del Adviento y tras un análisis de datos sobre la llegada de Cristóbal Colón a América, humildemente me permito hacer un cambio en la fecha del verdadero descubrimiento del continente americano; todo ello visto desde el prisma de la fe Católica.

Después de mucho tiempo, aún existen múltiples incertidumbres sobre la historia del descubrimiento de América: documentos perdidos; datos de los que no se sabe con seguridad su orígen; papeles y más papeles inacabados, desaparecidos o perdidos en alguna recóndita biblioteca; la historia personal del mismo Cristóbal Colón; el auténtico lugar donde tocaron tierra por primera vez; y un largo etcétera que los investigadores e historiadores de hoy en día siguen estudiando.

…Es buena la incertidumbre; siempre es buena —para todo—, pues la incertidumbre es la puerta de la fe; y, a través de la fe, es cuando se llega al verdadero conocimiento de las cosas…

Trayecto de su primer viaje a las Américas

CRISTÓBAL COLÓN

Lo que verdaderamente es cierto, es que Cristóbal Colón estaba dentro de los planes de Dios para la expansión de la cristiandad; para el fluir del Evangelio a través del río de la fe. No hay más que ver cómo aún en Hispanoamérica se conservan unas tradiciones católicas; e incluso hoy, en un mundo que tiende a huir de la incertidumbre por el camino equivocado, existen naciones en el continente americano, que defienden su fe contra intereses económicos, chantajes y amenazas de los países ricos, para que rompan tanto política como socialmente los valores auténticos recibidos a través de la doctrina Católica.

No se puede negar que Cristóbal Colón estaba totalmente equivocado; que convencido de un viaje hacia las indias, se encontró con un mundo totalmente diferente a lo que él mismo esperaba y, curiosamente, nunca llegó a saberlo, pues murió mucho antes que él mismo supiera que lo que había descubierto era un nuevo y desconocido continente (fue Américo Vespucio quien le dio el nombre al continente americano muchos años después). Pero tampoco podemos negar que los planes y los caminos de Dios son diferentes a los nuestros (¡Qué celestial Gracia tan grande sería, que nuestros planes coincidieran con los preparados por Dios para nosotros!).

Cristóbal Colón, contra todo lo que se dice, no era un gran navegante, pues equivocó su ruta —no por casualidad— en muchas millas; ya que sus cálculos los basó según la medida de la milla europea, cuando los datos que había recibido para su estudio estaban basados en millas árabes, de distinto valor por aquella época y de ahí el error.

Para más reseñas estaba prácticamente en la miseria —vivía vendiendo libros y mapas, además de una mínima pensión aportada por la corona—. Aún así, era un hombre lleno de ambiciones y sueños; pero también era un hombre de fe, pues no sólo quería para sí poderes y bienes, sino que también —aunque tal vez cupiera la posibilidad de servirle de excusa, para conseguir la financiación de su asombroso viaje—, soñaba con llevar el catolicismo a las tierras que conquistase para la corona de España.

Pintura de la llegada a América

Un viaje con otro objetivo

Todo es incierto es este mundo, pues nadie —salvo Dios mismo— conoce lo que nos depara el mañana, y, apurando más, nadie conoce qué es lo que va a ocurrir dentro de treinta minutos. Así pues, hemos de dar el siguiente paso que existe más allá de la incertidumbre: el salto de la fe, que consiste en un gran trecho —tal vez toda la vida—; o el salto a la caída en el abismo, cuyo camino es mucho más corto —incluso menor que treinta minutos— Cristóbal Colón dio ese salto.

Este descubridor al final nos llama a todos a la fe, pues en su sueño estaba esa fe que todos anhelamos; es decir, la certeza de que iba a encontrar lo que ansiadamente buscaba; y si Cristóbal Colón no llegó a darse cuenta, yo sí me atrevo a decirlo: fue Dios mismo quien le dio esa certeza, esa fe, para llevar a buen término su inolvidable viaje.

A partir de aquí empiezan a sucederse las “casualidades”; pero en honor a la verdad y visto desde la fe, la casualidad no es otra cosa que aquello que Dios pone delante de nuestro destino, para que sepamos que es él quien guía nuestros pasos…

Ejemplo teórico de la bodega de una carabela

Coincidencias en los significados

Primeramente, veamos su propio nombre: Cristóbal Colón. Cristóbal que derivado del latín significa “Portador de Cristo” y Colón, que proviene del término latino que se traduce como “Paloma” (en el sentido de “Espíritu Santo”); por tanto —es evidente—, Dios siempre tiene en su mente a alguien que se va a convertir en un portador de la fe. Cristóbal Colón se puede traducir como “Portador de Cristo y del Espíritu Santo”.

En segundo lugar, nos encontramos que en el primer viaje —que a pesar de la búsqueda de nuevas tierras, también partió con ambición evangelizadora—, no embarcó ningún sacerdote —se dice porque nadie apostaba por el éxito del viaje—; es decir, y en sentido alegórico, podríamos decir que la única aportación de esa fe iba implícita en el nombre de nuestro personaje.

Una tercera casualidad es que el primer lugar donde pisaron tierra, Cristóbal Colón lo bautizó como “San Salvador” (aún hoy en día siguen discutiendo el lugar exacto entre las numerosas islas de las Bahamas, pero lo importante es el nombre).

Tumba de Colón en Sevilla

Continúan las casualidades

Ya la cuarta cuarta casualidad, nos empieza a hacer pensar seriamente en la intervención directa de un signo preparado por la mano de Dios: por una maniobra defectuosa realizada por el propio Cristóbal Colón, la nao capitana, llamada “Santa María” naufraga el mismo día de la Nochebuena de 1492 —podemos hacer un simil con que “María rompió aguas” en Nochebuena.

También es casualidad (la quinta) que al día siguiente, el mismo día de Navidad —con los restos de la “Santa María”— se construye el primer asentamiento español de toda la historia de América; un fuerte de madera al que llamarían “Fuerte de la Navidad” (Entre la llegada a San Salvador el 12 de Octubre de 1492 y la construcción del “Fuerte de la Navidad” el 25 de Diciembre del mismo año, visitaron muchos lugares —incluso la isla de Cuba—, pero casualidad de nuevo, hasta el día de Navidad, Cristóbal Colón no decidió la construcción de ninguna edificación o refugio definitivo).

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: