Esto era un “misterio”, pero ahora es manifestado a los creyentes, pues Dios quiere dar a conocer las riquezas de esa revelación. En su enseñanza, Pablo luchaba según la potencia del Espíritu de Dios que obraba en él con poder, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre. Por un lado, “perfecto en Cristo”; por otro, “Cristo en vosotros”. Este es el atributo del “nuevo hombre”, renovado en conocimiento, donde “Cristo es el todo, y en todos” (Col 3, 10-11). Vivir esto por el poder del Espíritu y en comunión con el Señor es la más alta gracia concedida al creyente en la tierra. Que él “os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones” (Ef 3, 16-17). Con cuánto agradecimiento lo expresa el apóstol: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál 2, 20).

Ya tuyo soy, Tú me salvaste,/Todo por gracia y don de fe;/Por Ti yo viva y Tú me bastes/mientras aquí en el mundo esté:/Entonces sí, podré mejor/mostrar lo que hizo tu amor.

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