Desde hace 14 años amo a un hombre, al que hipotéticamente llamaremos "Señor E". Hemos vivido juntos, separados, enojados, felices, tenemos 2 hijos, daria mi vida por el. Pero aun así, siento que nos falta algo.

Como ya mencioné, hemos vivido juntos, pero hoy por hoy vivimos en casas separadas, manteniendo la relación de pareja. Pero se ha perdido cierta chispa, cierto fuego... a lo mejor tantos años juntos, pasan la cuenta. Porque al principio de una relación, el hombre se esfuerza por ser perfecto para conquistar a la mujer "de sus sueños", y una como mujer, en sentirnos bonitas y deseadas por ese hombre.

Una vez que se pasa por la maternidad, es demasiado habitual pensar si se ha dejado de ser sufuciente mujer para Él. Porque creemos que será mucho más atractivo para los hombres mirar senos más firmes, cuerpos más esbeltos, traseros más tonificados, piel sin estrias... todas aquellas cosas que perdemos por dar a luz. Aparecen entonces las inseguridades y la "manía femenina" de compensar a la mujer insegura por la brillante dueña de casa y madre... Olvidandonos de ser mujeres, de que necesitamos una caricia, una mirada picara, un poco de misterio.

Cuando se ha llegado a ese punto de no saber si terminar o seguir luchando, aparecen voces de todas partes. Tu madre te dice que "él no te valora lo suficiente" (sin embargo, tú sabes que hay cosas de la vida en pareja que solo tú conoces), tus amigas te dicen que el tipo es una mierda, que es muy raro, o x cosa. Internet te satura de mensajes de autoayuda, donde te dicen "mujeres arriba, empodérate, bla, bla, bla", los sicologos que estas con TOC, etc.

El problema que creo que existe se vincula con la comunicación, en la construcción de expectativas poco realistas, o en la idealizacion del ser humano que está frente a una, total y absolutamente imperfecto como nosotras, vulnerable y temeroso. La vida nos ha puesto en una dinámica de inmediatez que censura la "pérdida de tiempo", en cosas como tirarse por horas sobre el césped, mirar las estrellas y hacerse compañía.

Mujeres, bájense del pony, no somos princesas que debemos esperar al príncipe. Si en la suma y resta de la relación creemos posible y necesario una locura de amor, es porque es perfectamente posible que esa locura la hagamos nosotras. Pero enseñemosle a nuestras parejas, o a nuestros actuales y/o futuros hijos varones, que las personas no se dan por sentado, que las relaciones se deben alimentar y que todo esfuerzo tiene una recompensa, ya sea de conseguir el propósito de tal esfuerzo, o aprender de la experiencia.

Sería hermoso que todas las historias de amor tuvieran el vertigo que el cine y la literatura nos quieren entregar, pero si basamos nuestra realidad en una fantasia hollywoodense, es imposible esperar que se satisfagan nuestras ilusiones, porque quedaran en eso. Aceptar primero, conocerse luego, y amar.

 

 

Hollywoodense estereotipando las relaciones, provocan caos en la vida real

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