Sus consecuencias.

La crisis, el capitalismo, y la crisis del capitalismo.

 

Este es un artículo para intentar demostrar un punto de vista que cada vez más gente comparte, el de la necesidad de cambios por un mundo mejor y más valiente.

 

Desde el año 2008 llevamos sufriendo un  parón en el crecimiento económico mundial, y especialmente  en España, donde se han llegado a emitir datos de recesión. Las finanzas de medio mundo están en números rojos, y los que quedan, mantienen a duras penas sus recursos a base de austeridad.

Desde la quiebra en 2008 del banco estadounidense Lehman Brothers se ha producido un efecto de contagio que ha arrastrado a economías tan poderosas como la de Italia, Irlanda o nuestro propio país, además de países con plazas financieras más modestas como Grecia o Portugal. Sus primas de riesgo sobrepasan en ocasiones los 400 puntos básicos sobre el bono alemán, y hace que los grandes inversores busquen otras alternativas más fiables de compra de deuda. 

En muchos sectores de la sociedad ya se está hablando de una verdadera crisis del Capitalismo moderno. La competitividad de las empresas las obliga en ciertas ocasiones a dejar atrás valores como la generosidad y la nobleza. Todos quieren más recursos y más beneficios, y gana el más fuerte. Al ser preguntado por esta competitividad, el presidente del banco central americano dijo hace unos años que la banca actual se asemeja en cierta manera a las teorías darwinistas en aquello de que “sobrevive el más fuerte y preparado”.

Unos años después nos encontramos con un panorama algo desalentador. La clase media está desapareciendo en multitud de países en los cuales las diferencias entre los más ricos y los más pobres aumentan a pasos agigantados. China, potencia económica en ascenso (ya es la segunda mundial) muestra el mejor ejemplo. La clase media disminuye, y el grueso de la población cobra salarios mínimos. Sin embargo, se observa en las tiendas de lujo de Madrid o Barcelona como cada vez son más las personas de esta nacionalidad las que se cuentan entre su clientela.  Esto ya pasaba desde hacía décadas en países en vías de desarrollo como Brasil, o  países árabes con grandes reservas petrolíferas. En todo este conjunto de  países citados sin embargo los datos económicos mejoran curiosamente. Se prevé ,según ciertas fuentes, que China desbancará a Estados Unidos como primera potencia mundial antes del año 2050, mientras que los países árabes exportadores de petróleo muestran su poderío en las inmensas y lujosas ciudades que en estos años están experimentando un crecimiento muy grande, como Dubai o Abu Dhabi, y Brasil es la primera potencia de Sudamérica, gracias a saber explotar sus propios recursos con empresas nacionales.

Este oasis de bonanza en la crisis actual se vea posiblemente en estos países debido a su modelo de organización laboral. Una gruesa base de trabajadores con salarios mínimos mantienen los asuntos esenciales del país sin hacer éste grandes esfuerzos económicos por ello. Y casualmente los trabajadores suelen estar “contentos” con su situación, o al menos no se quejan, pues detrás de este sistema se suelen encontrar fuertes dictaduras, raíces muy profundas en la ideología de la población, de tipo comunista, raíces de tipo religioso o tradicionales… 

Pobres y ricos.  A veces parece que lo que les falta a unos lo tienen los otros y viceversa. Unos tienen el dinero y otros ética.

Mientras tanto, si el país ha sabido gestionar bien sus recursos ( si los tiene), con empresas nacionales para que las ganancias no salgan  de sus fronteras, tienen una gran capacidad de inversión, y su economía entra en un bucle de buenos resultados.

Las diferencias entre estos países que aguantan la crisis global y los que no es bastante clara: el nivel de bienestar de la población. La base de la economía de los países desarrollados, los trabajadores, pide un nivel de vida acorde a la clase media. Y el país se ve imposibilitado de satisfacer la demanda de recursos, cosa que antes sí podía, pues las exportaciones a otros países equilibraban las cuentas. Ahora son los mercados emergentes los que comienzan a exportar y a rivalizar con estos países.

La clave del éxito de estos países emergentes es como ya he dicho el saber aprovechar los recursos nacionales con dinero y empresas también nacionales. Países de África como Nigeria, y otros de Asia y Sudamérica, tienen un nivel de vida muy pobre a pesar de tener una gran minería, buen espacio marítimo para la  pesca, atractivo turístico o reservas de hidrocarburos. Hasta ahora los países desarrollados han aprovechado los recursos de estos territorios pagando a unos salarios a veces insignificantes a unos trabajadores poco cualificados y con pocas oportunidades, lo cual convierte esta oferta extranjera en la única opción para subsistir.

Por todo esto, en este comienzo de 2012, nos encontramos que los países desarrollados son provocadores y sufridores de esta crisis mundial, los países en vías de desarrollo escapan en su mayoría de este bache económico, y los países subdesarrollados se ahondan más en la miseria.

Lo cierto es que, según los expertos, este planeta tiene la posibilidad de atender en cuanto a recursos naturales como energía y alimentos al 100 % de la población, e incluso a un 30 % más.  Y ante este panorama de crisis financiera (crisis que ha brindado la oportunidad de apreciar mejor las deficiencias de este modelo de economía mundial), de grandes riquezas y de pobreza, uno ya se para a pensar si algo no está yendo bien.  El sistema actual de capitalismo, a nuestros ojos limitados por el punto de vista occidental desarrollado, nos ha traído el estado de bienestar total de la población. Y es este capitalismo la evolución de todas las teorías económicas que se han dado en la historia, desarrolladas en base a los conocimientos de los grandes pensadores de la modernidad. Sin embargo, y observando la situación mundial, más allá de nuestras fronteras podemos llegar a la conclusión que el Libre mercado y el capitalismo en general debe llegar a su fin ya. El nivel de evolución que ha alcanzado la humanidad puede dar al hombre la oportunidad de fabricar un equilibrio responsable de los recursos de nuestro planeta desde la cordura, la generosidad y el respeto. Pero si es la terquedad, el egoísmo y la indiferencia desde las altas esferas financieras y las corporaciones lo que va a seguir reinando, seguirá existiendo un mal reparto de oportunidades y calidad de vida en el mundo, y quién sabe si algún día, cuando los países subdesarrollados logren el monopolio de la industria dentro de sus propias fronteras, y los países actualmente en vías de desarrollo hayan copado el liderazgo económico mundial, no seamos los países desarrollados de hoy los países necesitados y sin recursos del mañana. Y la voz la tiene el pueblo… o más bien los políticos, que pensándolo bien, son las marionetas de los que promueven todo esto. En fin, eso ya es otra historia.

 

Falta valentía y sobra conformismo.

Blas Manuel Fontainhas Bancalero.

Jerez de los Caballeros.

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