Las creencias populares hacen parte de la convicción que maneja una colectividad respecto a hechos en particular; son populares precisamente porque son aceptadas y valoradas por la gente.

Las creencias populares tienen su origen en el hogar, en la calle, en la propia cuna, porque desde muy pequeños se nos han reiterado en nuestra educación, en mayor o menor grado, por los adultos.

En nuestra cultura las creencias hacen parte de nuestra historia, porque brindan una explicación sobre hechos que no tienen una respuesta científica, por lo menos en apariencia; hacen parte de nuestra cultura porque reflejan en gran medida un conjunto especial de conocimientos logrados por el hombre, a través del tiempo, conocimiento que por lo general se aleja del saber científico.

Hoy por hoy las nuevas generaciones son incrédulas frente a las creencias y resulta gracioso y simpático cuando nuestros abuelos e incluso padres hacen uso de ellas frente a determinadas situaciones. Sin embargo en muchas ocasiones, tal vez por casualidad o coincidencia, estas llegan a cumplirse o a verse reflejadas con gran precisión.

Pese a la incredulidad de muchos las creencias se encuentran todavía arraigadas en nuestra cultura; están presentes en nuestro medio e influyen en el pensamiento y comportamiento de un gran número de personas, a tal punto que podría sorprender la gran acogida que se les tiene y la convicción con que se utilizan.

Algunas de estas creencias de gran influencia en nuestro medio y cultura popular son:

El mal de ojo

Dentro de nuestra cultura existe la creencia popular de que hay personas con tal fuerza en sus ojos, que cuando ven a alguien que les gusta, les llama la atención o les disgusta estas pueden causarles por la fuerza o energía que transmiten a través de sus ojos, grandes trastornos sobre la salud física del individuo.

Es común escuchar que un niño esta ojeado o tiene mal de ojo cuando este presenta unos síntomas específicos que no tienen solución medica o causa aparente, existe la creencia que cuando esto sucede hay que llevar a los niños donde un rezandero, que además de rezarlos le proporciona una seguranza que los protege de ser ojeado nuevamente. Existen muchas madres dispuestas a dar testimonio sobre la eficiencia de los rezanderos y la existencia del mal de ojo.

Enterrar el ombligo

Existe la creencia popular que al tomar la medida del ombligo de una persona, utilizando para ello un hilo; que posteriormente debe enterrarse al pie de un árbol, se logra retener al individuo en contra de su voluntad. Por eso es común escuchar que a una persona lo tienen enterrado cuando pese a ciertas circunstancias negativas permanece siempre ahí.

Agua en la sal derramada

Existe la creencia popular de que cuando a una persona se le derrama la sal, esta no debe ser barrida, ni recogida, sino que debe aplicársele agua para tratar de disolverla, de lo contrario habrá mala suerte.

La escoba volteada

Existe la creencia popular de que al poner la escoba con las cerdas hacia arriba detrás de la puerta de su casa le es posible con esta operación alejar a las visitas indeseadas.

Son múltiples las creencias populares que existen dentro de nuestra cultura, conocerlas nos permite ver el pensamiento de nuestros abuelos y las ideas que se manejaban en el pasado y que siguen aplicando aunque parezca increíble con gran fuerza en la actualidad.

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