Mi madre, al estar postrada durante casi dos años en cama por cáncer, y sabiendo que estaba deshauciada a los 35 años de edad, quiso escribir para ti lo siguiente.

¿A quién? Pues a ti que estás leyendo.

¿Crees tú que sólo las personas enfermas físicamente o mejor dicho desahuciadas por los médicos tienen“Su Tiempo Limitado”?

¿No crees tú que es un poco absurdo el imaginarse siquiera que esto pueda ser así… y sin embargo, ¿qué haces tú en beneficio de Tú Tiempo?

En realidad suena un poco aterrador al detenernos un instante en nuestra actividad diaria y pensar que en cualquier momento dejaremos de existir físicamente. Nuestra mente nos responde casi al unísono de surgir la pregunta incógnita, -no seas pesimista, no pienses en ello, ve y disfruta de la vida y de sus goces que aún eres muy joven, ya pensarás a continuación, ¿a qué amargarnos anticipadamente?-

¿No te ha sucedido a ti cuando estás en cama con una pequeña dolencia o un simple resfrío, sin darte tú cuenta te aquietas, osea,dejas el que tu ser interior se exprese y te haga ver qué clase de afanes son los que te están moviendo, hacia dónde corres y qué razón tienen tus carreras?

¿No te sucede que al comienzo das a tu íntimo una respuesta que justifica tu posición… y luego a medida que van pasando los días y esa misma voz con la misma pregunta hecha anteriormente te emplaza y te obliga a meditar, y quieras tú o no la verdad surge, y ello es… ¿Qué hago yó de mi vida?

Después de un “buen análisis”, llegas a la conclusión de que todo debe cambiar, que no es justo ni esto ni aquello, que no volverás a actuar así porque no es lo que corresponde. Y te haces una serie de muy buenos propósitos que luego a medida que vas recuperando tu salud y estás nuevamente en pié los olvidas.

¿Por qué nos sucede eso? ¿Por qué permitimos que las cosas del mundo exterior, del mundo que nos rodea y ahoga, nos distraiga a tal punto que nos haga olvidar a qué y con qué propósitos hemos venido?

No nos disfracemos ni tengamos una actitud equivocada. Estemos siempre en guardia para que nuestra vanidad no se nos presente convertida en modestia diciéndonos: ¿Por qué yó esa Misión? o ¿Misión yó? ¡Pero que absurdo, si yo no soy nadie! ¿Cómo es posible que se pueda siquiera remotamente imaginar que yó…, yó tenga una misión?

Una cuantas musarañas en el rostro y tranquilidad interior. Pues bien, yo te diré que todas esas manifestaciones y todas esas actitudes son de una vanidad y de una soberbia indiscutible. Esperas oír en esos mismos instantes que niegas tu misión, la ratificación de ella por tus amigos  o hermanos. Y aún llegas a tal grado en tu atrevimiento que pretendes que Dios Tu Padre, te de pruebas fehacientes de que debes hacer algo inmenso, que Él se acerque a ti y te hable; y de tal modo de bien lo haga, que te convenza; entonces en ese momento empiezas tú a considerar que exista tal vez la posibilidad de que tal cosa sea verdad.

¡Pobre humanidad, pobre de ti y de mí que tan vanamente pensamos!

¡Todos, absolutamente todos tenemos un deber, una misión que cumplir en lo espiritual!  A nadie hermano…, a nadie se le regala años de vida.

Convéncete, la vida no es juego, ya tienes mayoría de edad, ya debes ser un individuo pensante, consciente y desempeñar tu misión por insignificante que te parezca y en el debido silencio personal. Deja que tus obras hablen de ti, y no tú. No pierdas fuerzas recomendando tu trabajo; deja que el buen trabajo hable de ti con mayor elocuencia que la que tú tendrías. Encauza tu fuerza, no te diluyas considerando si lo que los demás hacen está bien o está mal, haz tú, pero hazlo en forma consciente y unido a tu íntimo, osea, a la voz que es la voz de Dios Nuestro Padre.

Dale a tu espíritu la posibilidad de crecer dentro de ti, que con ello se fortalecerá a tal punto que podrás ser algún día abrigo de otros seres desorientados.

¿No te parece hermoso dar Amor sin pedir nada a cambio? ¿Sólo entregar a otro ser toda esa fuerza maravillosa que eres capaz de sentir en tu corazón o en tu alma y que en ello no vaya necesariamente un requerimiento físico?

Si deseas dar amor, trabaja en ti. Para que tu ser no esté ocupado, límpialo de las cosas que no te significan sino segundos de agrado o felicidad.

¿No sientes tú al igual que yo, unos inmensos deseos de ver nuevamente el rostro de Jesús, de que te hable, de mirarle, de oírle?

¿Y no crees que sería un buen ejercicio para ti el pensar que está al lado tuyo en todo momento?

¿Cuál sería tu reacción si en este instante nos fuera dable visualizarlo? ¡Cómo imagino el latir de tu corazón ante la sola idea! ¡Qué maravillosa alegría! Y entonces…, ¿qué esperamos para comenzar nuestra pequeña labor y poder así sentarnos a sus pies y escucharle eternamente?

De Charito María para la humanidad con amor…

Marzo, 1971.

Charito _Mi Mamá

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