La CORTESÍA es el principio internacional que distingue al hombre moderno, un elemento que distingue su comportamiento y además la base de las relaciones sociales, el freno de las pasiones y el signo de la civilización.

Hablar de cortesía es hablar de comunicación; pensar en cortesía es pensar que los participantes de una comunicación comparten la misma perspectiva y saben que están jugando al mismo juego: el de ser cortés.

Jugar a la cortesía es algo más que comunicarse en el nivel referencial u objetivo. De lo que se trata es de las relaciones entre los participantes en una comunicación, porque el juego se da exclusivamente en el nivel intersubjetivo. Decimos que la cortesía es un juego porque en ella nos movemos en un mundo al revés y participamos de un ritual; un mundo al revés porque es un mundo que tiene sus propias reglas: un lugar donde, cuando decimos ¿me puede usted pasar la sal? no preguntamos, sino que manipulamos al otro para que haga algo por nosotros. Pero no solamente eso, sino que por alguna razón estamos en capacidad para requerir algo de alguien mientras disimulamos nuestro poder. Sabemos mismo tiempo que, al jugar el juego de la cortesía, ganamos indulgencia.

La cortesía parece manejarse como un topos, un lugar en la retórica, un marco referencial que impone sus propias normas y sus propias formas de entender las cosas. Ya lo dice así Lange, cuando afirma el paralelismo que tiene la cortesía con los lugares, o depósitos de pensamientos, de argumentos, en la antigua retórica. Según el autor, los topos coinciden con los factores más importantes señalados por los manuales: persona (edad, sexo, carácter, humor, estado social), relación entre las personas (diferencias sociales, cercanía o distancia), marco social (público-privado), tiempo, tipo de actividad, modo y manera de llevarla a cabo.

La cortesía es una comunicación lograda, pues esta no se produce solamente por una acción del emisor, sino que se trata de un proceso recíproco en el que el receptor de la comunicación participa activamente.

En cuanto a la comunicación en la cortesía, puede decirse que existe cuando : a) Los participantes comprenden el texto y decodifican ciertas marcas de la locución como señales de cortesía: saben, por ejemplo, que el diminutivo es marca de tamaño, pero que también sirve para atenuar; saben que, cuando alguien les alaba su camisa, no necesariamente están obligados a quitársela y regalarla; b) Por otra parte, ponderan las relaciones interpersonales y, sobre todo, las relaciones de poder existentes entre ellos; esto es, reconocen el respeto que se le debe a un superior; c) Comprenden, asimismo, el mundo en que se encuentran: en este caso, saben que juegan el juego de la cortesía y, por lo tanto, son conscientes de las expectativas de sus oyentes de que les sea respetada su territorialidad, su tiempo y su espacio, pero también de que se exalte su imagen personal.

El juego de la cortesía puede verse, igualmente, como un marco, en el sentido goffmaniano: ese conjunto de principios de organización de la experiencia que gobiernan los eventos sociales y marcan nuestra participación subjetiva en ellos. Estos marcos le indican a los interlocutores en qué tipo de situación se encuentran: una conferencia de prensa, o una reunión informal; o bien les señalan si el hablante bromea o no. Dicho de una manera muy simplista, sitúan al participante de un encuentro comunicativo sobre dónde está y qué está pasando; el recibir un cumplido nos sitúa en el marco de la cortesía.

Para definir el concepto de cortesía se pueden recurrir a diversas fuentes, por ejemplo las teóricas como diccionarios y manuales y la fuente popular que es la voz del pueblo, o sea, su criterio y conceptos respecto a lo que es cortesía.

Una investigación de la autora Alexandra Álvarez Muro, basada en la consulta de tres manuales (Knigge, Elwelspoek y Carreño) define cortesía de la siguiente forma:

(…) la cortesía es una posibilidad de tender puentes a través de la conservación de reglas y formas. Ella puede crear cercanía a través del respeto mutuo, pero con ella también puede mantenerse la distancia […]La cortesía se muestra mucho en las cosas que hacemos diariamente sin pensar – sea esto la llamada o la tarjeta de cumpleaños, la felicitación por el examen logrado, o el abrir la puerta del automóvil, cuando una dama quisiera subirse o bajarse de él […]La cortesía es una suerte de estilo de vida que puede inclusive formar parte de uno mismo […] Se sabe cuando alguien es cortés cuando se comporta cortésmente. […] y nada molesta tanto a la gente como ser excluido o castigado por la indiferencia de los otros debido a su falta de estilo. Volverse a colocar entonces bajo una buena luz resulta muy difícil. (Von Au/Knigge 2000: 15)

Se hace evidente que una sociedad humana no puede existir sin el respeto de ciertas reglas de juego y que, además, una sociedad armoniosa sólo es posible cuando cada uno, en vez de decir y hacer lo que le viene en gana, se comporta de la forma como se espera de él. Se espera de cada uno de nosotros que nos comportemos ante nuestros compañeros sociales de tal forma, como si respetáramos en él un ejemplar especialmente valioso de la especie homo sapiens. Eso es precisamente el comienzo y el fin de la cortesía. (Elwelspoek 1952:7, en Lange 1984:7)

"La urbanidad es el conjunto de reglas que tenemos que observar para comunicar dignidad, decoro y elegancia a nuestras acciones y palabras, y para manifestar a los demás la benevolencia, atención y respeto que les son debidos”. (Carreño 2001: 9)

El primero de estos manuales, el Knigge, centra la función de la cortesía en establecer vínculos o nexos entre las personas a través de normas preestablecidas, la cortesía como don, pero también como hábito, como experiencia adquirida. La cortesía tiene que ver con la identidad de la persona, con la imagen que otros se hacen de nosotros. Por su parte, el manual de Elwenspoek (1952) hace hincapié en las reglas preestablecidas que guían el comportamiento, mostrando una visión bastante estática de la sociedad y de la cortesía. Aquí prevalece –como en la definición popular– el concepto de contención y de que la manera de conservar a la sociedad es comportarse según las expectativas de la misma. Está también presente la idea manifiesta de manipulación: tratar al otro como si fuera algo especial. En el manual de Carreño se ve, además, la cortesía como indexación social y la distinción entre una sociedad culta y una que no lo es, entre civilización y barbarie, noción que también se encuentra en Knigge, cuando menciona el beneficio que se obtiene en cuanto a la estima, difícil de recuperar una vez perdida. Al comparar estos textos nos percatamos de que la cortesía no es homogénea; distintas sociedades y distintas épocas prescriben normas diferentes.

Espero que les haya parecido interesante esta nota. Los dejo con una pregunta interactiva: ¿Cómo la definen y manifiestan ustedes?

La cortesía y la comunicación efectiva.

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