Hoy he tenido un profundo sentimiento de nostalgia y cuando hablé con mi esposo, le comenté: sí, estoy triste, murió Bolívar.

Estoy de duelo, algo tardío, pero finalmente de duelo.

Venía leyendo otra vez, hace unos días, uno de los libros mágicos de mi muy amado García Márquez, a quién considero parte fundamental, literalmente, de mi familia, por lo menos de la mágica familia de las letras.

" El General en su laberinto" es un libro maravilloso,  lo terminé de leer con la insondable posibilidad de quedar enamorada para siempre del General Bolívar, de su soledad, de sus delirios, y sus sueños; el libro es simplemente maravilloso, toda la narración es la antesala al momento de su muerte; aunque se sabe que va a pasar, tanto Bolívar como el lector anhelan la posibilidad de que él sea eterno; pero muere en el relato, como evidentemente murió en la realidad. Ese era el inevitable laberinto que el dudaba en resolver.

No pude dejar de sentir una extraña tristeza, en la manera hermosa en que Gabo expone la ausencia del GENERAL, la ausencia para las personas, para los aromas que olía y por eso existían, la ausencia para la historia, para el paisaje; se asimiló a la frase del príncipito,    " las estrellas son hermosas, porque hay una rosa que ya no las ve".

En mi vida hay no un GENERAL, sino un CORONEL, que antes fue capitán.

Así se le ha conocido en diferentes atmósferas bogotanas, a este hombre que amo, irremediable e inevitablemente. Es también indudable las simlitudes entre el general de las américas y el coronel de mi vida. Jústamente mientras leía el episodio final del libro, se alternó como un vals, coordinado y armónico, mi lectura con las llamadas del coronel.

En estas llamadas me exponía su tristeza nostálgica, sus batallas perdidas, que se entremezclaban con la pérdida de la Guajira para la causa bolivariana; mientras el coronel me hablaba de sus sueños delirantes, leía sobre la idea de Bolívar de una retoma agonizante de la patria; mientras mi amado coronel me hablaba de los que se fueron, de los que le traicionaron, el general Bolívar recordaba a Santander con el mismo sabor amargo de la deslealtad; mientras que en la siguiente llamada el coronel me hablaba de un vómito que no paraba, de no poder comer nada, el general evocaba los estragos perentorios de una comida de guayabas verdes, solo por el placer del olor evocador. 

En medio de lectura y llamadas, se fueron haciendo uno solo, los límites de uno y otro se confundían, era como si el general fuera el que me llamara, y el coronel al que describían las letras; con la sensación histórica de no saber ya quién era quién.

Mientras el GENERAL en sus últimos días evoca a la única mujer que él cree que amó, y que no era Manuelita, sino su esposa; el CORONEL me declara una vez más su amor eterno, como dice él lleno de imperfecciones, pero único, aún cuando sienta que solo quiere morir. Aún cuando los imagino, ambos se me asemejan, en su contextura, en su misterio, en sus homenajes, en su adicción a la colonia y al reconocimiento.

Son guerreros, personajes irreales por naturaleza, conquistadores de sueños y empresas que se caracterizan por la soledad y el sabor a derrota.

Tal vez, cuando el general muere, sin él creer que iba a morir, tan joven aún, presa de las cuentas antiguas reservadas por su cuerpo, y de la nostalgia de sus delirios, del vivir fuera de tiempo, incomprendido en la esencia de su ser, traicionado por su ego al no entender que no puede conquistar la mente de los demás, tan profundamente encantador e inatrapable; cuando el general muere, solo puedo pensar, que casi doscientos años después, hubo otro con esas mismas batallas, que tal vez no ha sido libertador de nadie, pero que también explora la soledad de sentirse anormal en el mundo, que también tiene delirios de conquistas titánicas, que idea estrategias en una noche con el agua hasta el cuello, que tal vez no ha logrado victorias que él considere dignas para la historia, pero también se refugia en el encierro para dialogar con sus recuerdos, que siente que ya todo está perdido, tal como Bolívar lo vivió, con ese tipo de nostalgia que tal vez acerca a la muerte; pero éste otro, el coronel, coincide con el primero, el general, en capturar irremediable y dulcemente al mismo corazón, el de esta mujer que escribe, que no es una Manuelita, sino más bien una esposa, que los ama demasiado.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: