Mi corazón es tuyo vida

Mi corazón es tuyo, mi vida, mi cuerpo, toda yo, Alberto- así decía colgada de mi cuello, con sus bellos ojos negros anegados de lágrimas, cuasi fundido su cuerpo con el mío- Desde que conocí a Jenny, enamorarme de ella fue un suspiro, tenía las cualidades que yo admiraba en una mujer y más, de mediana estatura, muy blanca, una mata de pelo castaño, abundante, hermosa, dos negros diamantes por ojos y un cuerpo bien hecho, rematado en unas maravillosas pantorrillas bellamente torneadas.

Les comento, que siempre he sentido una especial debilidad, por unas pantorrillas hermosas, de verdad que no se dé donde me viene eso pero; me encantan. Conocernos fue enamorarnos, en un periquete, les cuento; no soy ningún adonis, sin embargo tengo lo mío, sin ser presuntuoso, hago deportes y tengo algo que atrae a las mujeres, les digo esto para ubicarlos en el contexto de este relato.

Antes de conocer a Jenny, mi vida discurría en una relativa tranquilidad, con períodos de enervante actividad amorosa, que así como llegaban se iban, haciéndome volver a esa pasividad cotidiana, en la cual nada te parece interesante. Los enamoramientos en nosotros los hombres y mujeres que, andamos saltando de regazo en regazo, y de cama en cama, infortunadamente no maduramos mucho los amores o las aventuras, son solo eso; aventuras sin compromiso. Vamos dejando en el camino, trozos de nuestras inconsistencias amorosas, que andando el tiempo, salvo algunas excepciones; que las hay, solo nos dejan una pírrica satisfacción transitoria, con un regusto de ausencia.

castaño

Atracción física

Nos atrae de las personas, lo puramente físico, una bonita cara, una buena delantera, unas piernas de campeonato, donde para nada están involucrados los sentimientos, solo atracción carnal, sexual, pasión, erotismo, que concluye en la cama, si acaso; por un tiempo, las exprimimos hasta saciarnos y luego un descarnado hasta luego o un adiós lastimero. Esto es válido para ambos sexos

Sin embargo, como dice un adagio muy popular, sobre todo en los países de habla hispana, “a todo cochino le llega su San Antonio”, lo que demuestra la sabiduría popular. A mí me llegó mi San Antonio con Jenny, no lo sabía yo bien, de haberlo sabido, fuera huido, en un abrir y cerrar de ojos, dejando detrás una estela de humo nada más. Hay días en los que al parecer el destino o quien sabe que, te toma como un juguete y hace de ti lo que quiere, con el agravante, que ni siquiera lo vez venir, o sea; la jugada en que te han metido sin tu permiso.

Era una tarde cualquiera, de esas en que el aburrimiento lo llevas por dentro y, se te retrata en el rostro. Estoy recostado en una balaustrada de una de las plazas, de la pequeña ciudad, esta en particular me atraía por tener una buena cantidad de arboles muy cuidados que daban sombra y llenaban el ambiente de diferentes fragancias naturales que te daban sensación de naturaleza, viva, fresca, siempre en las tardes estaba llena de gente, sobre todo de gente joven, Las muchachas vestían hermosas galas que exhibían con gracia y majestad, haciendo suspirar a más de un adolescente, que se erguían como gallos, sacando pecho y regalando piropos por doquier.

enamorada

El descubrimiento

La descubrí, caminaba por una de las avenida de la plaza, con porte de reina, con ese andar cadencioso de las que se saben bellas, pero; sin ningún dejo de pretensión, me llenó los ojos, el entendimiento, todo yo, quedé prisionero de tanta majestad y galanura, llevaba a un niño vivaracho tomado de la mano, en un momento dado este, se soltó y salió corriendo por el medio de la avenida, Jenny gritaba, llamando al niño - Paco, Paco, ven- Yo, de un salto me coloqué en medio de la avenida y prácticamente atajé al niño, ella llegó jadeante -Oh Dios mío, porqué lo hiciste, Paco- Gracias señor, -No hay de qué señorita-

No les quiero hacer el cuento más largo. A partir de ese momento quedé hechizado por esta mujer, en semanas estábamos involucrados, unidos, anudados, en una relación que tenía mucho de dulce, de apasionada, incluso hasta de borrascosa, dado mis inconsistencias personalísimas en cuestiones del amor y, el carácter vehemente de ella, Una mezcla de alto riesgo, pero, muy estimulante. Arriba, nos sorprendieron ustedes, en un pequeño escarceo de conflicto, común en los enamorados, nada importante pero; los enamorados así somos.

mancha1

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