Siempre hay cosas que te definen como comerte las uñas o reírte con una sonrisa pícara, pero lo peor no es lo que te define sino lo que aún no está definido…

Salía de la primera clase del día pero tenía muy claro que no era la única y que debía dirigirme hacia la siguiente. Me había encontrado con una de mis mejores amigas y me miró como entre risas pero no vi el motivo de aquel gesto. La saludé pero le dije que tenía clase y que no quería llegar tarde. Al despedirme de ella me miró con cara de complicidad, como si ella supiera algo que yo no sabía pero que me importaba mucho. Lo ignoré por el afán.

Cuando salí del edificio estaba haciendo el frío que me encanta de esta ciudad: Demasiado gélido y que refrescaba la cara, bueno la entumecía pero eso me agradaba. Tenía decidido comprar una menta y un paquete de galletas para el hambre. De repente, sentí la mano de alguien en mi hombro, giré mi cabeza y ahí estaba él. Ahora entendía la mirada de mi amiga, ella sabía que él estaba afuera del edificio. Me reí para mis adentros.

Me encantaba encontrármelo en un lugar que no fuera el salón de clases pues no estaríamos obligados a tener que guardar silencio cuando llegara el profesor. Tenía la misma ropa de la otra vez: un saco sin capota de Juan Valdez que inicialmente era negro pero que debido a las lavadas se había puesto gris, los jeans azul hielo y los converse que en un principio eran blancos pero que en ese instante eran adornados por barro.

- Que más!? -, le dije en un tono que se pasaba del normal para saludar alguien. Era la emoción.

Me dijo que estaba bien y que tenía que acompañarlo al edificio de la universidad donde cuadraban los horarios de los estudiantes. Me gustó que me dijera que “tenía que” y me hubiera encantado aún más poder acompañarlo pero ¡TENÍA CLASE! ¡FUCK!

Menos mal mi salón quedaba en el camino al edificio para el que iba él. Mientras nos dirigíamos hacia mi clase, hablamos acerca de la materia de la que acababa de salir. Todavía no logro entender como yo podía: 1) Estar diciendo palabras coherentes que incluso lo hacían reír. 2) Estar pensando en la cara que pondrían mis amigas al verme con él. 3) Detallar su cara y piel que tanto me encantaban, y 4) Pasar a detallar sus ojos que eran un agujero negro para mi motricidad. En parte creía que era él quien maximizaba mis capacidades.

No me creía que el día se me hubiera alegrado de tal manera, incluso salió el sol. Íbamos riéndonos al parecer acerca de algo que dije, aunque al instante dejó de reírse. Lo miré y me di cuenta de que se había quedado detallando a alguien. Seguí su mirada y entonces vi a “El Otro”. De la nada comenzó a correr. Me daba tanta rabia que tuviera clase en ese momento y que era imposible que no asistiera. Llegué a mi salón de clases y había un letrero que indicaba que ese día no había clase. De inmediato salí corriendo hacia el lugar donde lo había perdido. Cuando llegué ya no estaba. Miré hacia mí alrededor una cantidad exagerada de veces pero nada. Era como si se lo hubiera tragado la tierra. Me puse a llorar. No podía creer que el destino estuviera jugando con mi corazón de esa manera. Me senté en el prado a pensar en otras cosas. De repente, aparece un enano y me dice que lo acompañe, que él sabía dónde estaba lo que mis lágrimas reclamaban. Era mi imaginación? Bueno al menos me daba esperanza. Lo seguí y de la nada apareció con sus converse más sucios que nunca e iba acompañado de una amiga. Estaba alegre. Yo triste. Qué paradoja. Me dijo: - Otra vez usted?-, fue imposible no reírme. La amiga me abrazó. Había olvidado que también era amiga mía. Pero me dejó otra vez. Yo estaba en algo parecido a un estado de shock. No le pude preguntar nada pues mis labios no obedecían mi mente. Lo observé mientras se alejaba de mí y un árbol me lanzaba lágrimas. Fui a mi siguiente clase. Dos horas interminables pero que en exactamente dos horas se acabaron. Tenía que buscarlo y preguntarle qué había pasado, porqué me había dejado solo. Lo encontré pero estaba con “El Otro” e iban felices. Lo miré y ahora fui yo el que le dijo: - Usted otra vez?- y me gritó: - ¡Sí! ¡Qué mamera! Jejeje -.

Al instante me di cuenta de que el enano iba detrás de él y que tenía una cara de pocos amigos. Sacó un hacha y le cortó las piernas. Los jeans azul hielo quedaron teñidos de sangre. Salí corriendo en dirección a él pero ya era demasiado tarde, unas gotas de lluvia me despertaron. Estaba en el prado y él se encontraba al otro lado de aquel lugar en el que me quedé dormido. Tuve que limpiarme los ojos para creer que lo que estaba viendo en realidad estaba sucediendo. El de jeans azul hielo arrinconó al otro en un árbol y le dio un beso en la boca. El otro lo apartó, y comenzó a darle golpes en la cara y en el cuerpo dejándolo tendido en el prado verde que se había untado de la sangre del hombre que me cambiaba mis sentimientos cual corazón bipolar.

 

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