El cooperativismo todavía no ha desarrollado una definición universalmente aceptada como modelo, movimiento, sector, pero lo que sí es plenamente aceptado en todos los rincones del planeta son sus principios y una plataforma filosófica sustentada en la solidaridad, la ayuda mutua y la cooperación.

El hombre cooperativo por lo tanto, lo debemos identificar en asociación solidaria con el otro, para con la ayuda mutua lograr soluciones a problemas comunes.

Históricamente el cooperativismo surge como una respuesta a la concentración de la riqueza en la minoría dominante, durante la revolución industrial en Inglaterra, con los pioneros de Rosdale en diciembre 21 de 1.844, necesidad común netamente económica de acceso a la riqueza de la parte proletaria.

En Colombia el cooperativismo es perfilado porla Leycon el concepto de empresa solidaria, autogestionada por sus asociados, quienes cumplen el doble papel de aportantes y gestores, bien sea desde la posición de directivos, controladores o veedores de base, todo este argumento responde más a la estructura del movimiento, que al perfil del hombre Cooperativo Colombiano, quien en últimas es quien dinamiza y ejecuta esa plataforma.

El control de calidad del hombre cooperativo, apunta más al quehacer del negocio, que al deber ser humano, que debe armonizar lo económico con lo social y cultural, como respuesta a un acuerdo cooperativo suscrito, donde en alguna parte debe contemplar desarrollo integral del hombre asociado, su familia y quizás en letras pequeñas la comunidad en general.

El hombre cooperativo ha logrado penetrar los diferentes sectores económicos y sociales como la educación, permitiendo el acceso a una gran parte de la población a bienes y servicios no atendidos por las otras formas de empresa, con la participación de pequeños capitales.

El sector donde encontramos mayormente el negocio cooperativo es en el financiero, en las cooperativas de ahorro y crédito, con un complemento alto de las de aporte y crédito, se han tenido dificultades en el pasado no muy lejano con malos manejos de algunas organizaciones, que de ninguna forma tienen por que empañar los logros por más de sesenta años de ejercicio empresarial.

Las dificultades del pasado deben servir para seleccionar mejor las calidades del hombre cooperativo, no desde el control del Estado, sino desde la misma organización, con su autocontrol ético en primer lugar y en segundo lugar su capacitación en el negocio, sobre todo de la base asociada, que no interviene directamente en su dirección y control.

El cooperativismo es una niña que aún no ha cumplido los doscientos años, fenómeno muy joven, que posiblemente tendrá que sufrir transformaciones de choque en lo social y lo humano, un hombre más comprometido con su comunidad que no tiene acceso a la asociación solidaria con participación de capital.

Por último, el negocio solidario tendrá que comprometerse con la ciencia y la tecnología, como base para permanecer en el futuro en un mundo de fuerte competencia de la gran empresa nacional e internacional.

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