La convivencia con mis padres adultos mayores, me ha resultado una experiencia muy interesante y motivadora.

Me ha tocado en suerte, por diversas razones, regresar a casa con mis padres siendo éstos adultos mayores. 

Comprendo que en países europeos, esto es muy normal y corriente; pero en latinoamérica donde resido, aunque es frecuente, significa falta de independencia o incapacidad de afrontar la vida en los hombres. En las mujeres se ve como algo normal y hasta obligatorio, lo extraordinario es que una mujer viva sola. 

Lo bueno de la convivencia

En principio me agrada estar con ellos, pues la convivencia ha sido en general muy buena.

Recibo afecto y atención de mi madre, que tiene buena salud y mi padre que de todo sabe, es muy imaginativo y jovial. Siempre hay techo, servicios pagados, lavandería, alimentación y hasta dinero cuando no lo tengo.

También colaboro con ellos en las tareas de la casa y los llevo donde sea cuando ellos me lo solicitan.

Lo difícil de la convivencia con adultos mayores

Aunque la vida con mis padres es muy agradable en general, constatar su declive por la edad es una experiencia dolorosa y consciente que vivo día a día.

La mayor parte del tiempo que estoy trabajando, intento no pensar en ello, pues aunque sus dolencias están ahí, les permite hacer a los 2 una vida bastante normal y corriente. Salen juntos, van a hacer el mandado al mercado, pagan sus cosas, van al doctor y se apoyan mucho entre sí, pero se que esto no durará para siempre...

Mi padre ya padece de desorientación vaga por periodos cortos, tiene sordera, es hipertenso y ya tiene dificultad leve para comprender lo que se le dice. Mi madre ya me cuenta las cosas 2 o 3 veces, no siempre, pero es algo frecuente. Entiendo que el Alzheimer está haciendo su trabajo lento pero sostenido y debo prepararme para el declive más pronunciado en la salud y facultades de mis padres.

 El futuro

Debo considerar muchos factores para tomar cualquier decisión de permanencia o abandono del hogar familiar.

Es posible que la decisión de formar otro hogar se postergue o ya no la tome debido a la salud de mis padres adultos mayores o bien combinar mi nuevo hogar con el cuidado de ellos, todo dependerá del acuerdo que tomemos con mi futura pareja.

Por otro lado, con la situación económica actual, se da la posibilidad de emigrar para mejorar la economía personal y familiar. Esa es una decisión muy difícil, pues no me agradaría dejar la casa de mis padres en las condiciones actuales o quizá sea el momento oportuno para hacerlo.

Son muchas incógnitas, pero por ahora permaneceré en casa en convencia con ellos, tratando de hacer una vida normal y corriente con mis padres adultos mayores, aprovechando los años de lucidez que aún tienen para guardar sus memorias y las mías, informándome sobre las alternativas de cuidado que deberán tener en el futuro y cómo prevenirlas desde ahora para que su calidad de vida no desmejore demasiado.

 

 

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