Para los conocedores conversar es un arte, grandes hombres se han destacado en la historia por su dominio, para mí simplemente es una delicia que me permite pasar gratos momentos, al calor de una copita de vino o un vaso de leche, el aperitivo es lo de menos, lo importante es la compañía.

Después de un partido de fútbol que agradable es conversar libremente sobre lo sucedido, los goles, las jugadas, el ánimo del público, el colorido de las hinchadas, las celebraciones espectaculares de los jugadores al anotar un gol, el delirio de todos, lo seguro es que ningún detalle escapa en la conversación, de alguna manera todos somos expertos.

Sí revisamos los antecedentes del origen del hombre, de seguro que su vida empezó a tener sentido a partir de la conversación, la comunicación fue fluida, los avances aparecieron a pasos agigantados, los descubrimientos surgieron a granel, la calidad de vida mejoro.

En los negocios la conversación es vital, un buen intercambio bilateral de ideas, dialogo claro, sencillo, conciso y honesto, por lo regular conlleva a un gana gana para las partes comprometidas, dejando el camino abierto para futuras negociaciones.

En la academia los conversatorios sí que son importantes, hombres ilustres nos regalan sus conocimientos permitiéndonos intervenir activamente, complementando ideas o buscando que se nos aclare lo no entendido y por que no comprendido, base vital todo el proceso para avanzar en el camino del conocimiento.

El modo usual de hacer grandes amigos es con la conversación, en salones de conferencias, en el estadio de fútbol, en el aula de clases, en la fila para pagar los altos servicios de salud, en los sitios menos comunes, en fin en cualquier parte, alguien nos habla y puede surgir el principio de una bella amistad.

Muchas veces juzgamos mal las personas por que no las conocemos, jamás hemos hablado, pareciéndonos a primera vista antipáticas, en nuestro país decimos: “nos caen gordas”, llevándonos gratas sorpresas cuando tenemos la oportunidad de conversar, el mundo tramado cambia totalmente, se vuelve rosa, y en muchas oportunidades resultan ser nuestros mejores amigos.

Conversar permite el desahogo ante los problemas, es el puente para conocer nuevas ideas, relaja al sentirnos seres sociales, no importa el tema, por trivial que sea la carreta nos sirve para relacionarnos, para integrarnos.

En el amor sí que juega un papel importante, los no mudos de nacimiento no consiguen nada, la conversación es el primer paso de la conquista, buenos conversadores aventajan a los de excelente presencia, por eso en nuestro país es común escuchar: “ese tan feo con esa muchacha tan linda, se la gano a pura carreta”.

Continuando con el amor la conversación es vital para mantenerlo vivo bien sea en la etapa del noviazgo, como en la vida de pareja, cuando se olvida dicha facultad empiezan los problemas, una manera sencilla de detectar que la llama está feneciendo es el mutismo.

En el hogar conversar es importante, familia que no lo hace, se desconoce por completo, se obra como islas, el cuerpo desaparece, la confianza se pierde, todos caminan en solitario por la vida, el calor humano se reseca, los problemas afloran por falta de ayuda.

Parece que en el mundo de hoy la conversación es cosa de adultos mayores, para los jóvenes es una fría relación tecnológica de celulares y computadoras, un nuevo estilo de conversar en el ciberespacio, sin la necesidad de la presencia física, el calor es el emitido por estos aparatos, pero una cosa si es cierta, no se puede juzgar la tecnología, lo que hay que juzgar es su uso.

Al mirar las raíces de por que no se conversa entre los jóvenes, lo posible es que nosotros los adultos con este mundo acelerado, donde los padres tienen que trabajar largas jornadas, llegando a casa solo a lo necesario, comer y dormir, sin saber el diario vivir de los muchachos, los hemos empujado al mundo solitario, cuyo único medio de sentirse vivos sea con la tecnología.

Nos quejamos que los muchachos no saben amar, solo algo de sexo, con las consecuencias de un mundo poco comprometido en el afecto, pero impulsamos la repetición del ciclo, hijos de padres que no conversan, engendran hijos que no conversan.

A recuperar el conversatorio amigos míos, seguro que el mundo será mejor.

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