EL CONTROL A SU DEBIDA MEDIDA

Control obsesivo versus el contrl a su debida medida

EL CONTROL A SU DEBIDA MEDIDA, en ciertos ámbitos de la vida es necesario e, incluso, imprescindible para evitar problemas o desastres. Siempre DEPENDE dónde, por qué, para qué y cómo se aplique. Hablando del control, por supuesto no se puede generalizar, ya que algunas circunstancias exigen la presencia del control. En casos contados o extremos, se podrá decir que nunca puede ser excesivo.

Y sin embargo, existen circunstancias donde está bien controlar, siempre y cuando dicho control no incomode a los demás. Es decir, está bien para uno, pero una molestia para otros.

¿Dónde está el límite del control?

El límite del control se traza dónde comienza el derecho a la intimidad ajena.

Veamos un ejemplo práctico. Un departamento cualquiera dentro de una empresa, por ejemplo, podría ser una recepción, en el cual trabaja un grupo de personas, es decir, varios empleados. Sin embargo, cada una de ellas, tiene sus propias tareas y las realiza según su propia forma de trabajar. Evidentemente, cada persona tiene derecho y la libertad de decidir cómo realizar sus tareas, siempre y cuando lo haga dentro del reglamento legal y el trabajo quede terminado y bien hecho. Así como cada persona es diferente, también existen diferentes formas de trabajar. El hecho de que sean diferentes, no quiere decir que una forma sea mejor que otra.

Pues hay personas a quienes les gusta controlar por la razón que sea. Les gusta asegurarse de que el trabajo quede terminado y bien hecho para evitar errores. Esta actitud la suelen perseguir dos clases de personas:

a) Las perfeccionistas

b) Las inseguras o inmaduras

De por sí, el querer dejar todo en orden, terminado y bien hecho no tiene nada malo. Cada persona puede decidir libremente si quiere o no controlo SU PROPIO TRABAJO si quedó terminado y bien hecho, bien sea para corregir y eliminar errores, o para quedarse con la consciencia tranquila. Sin embargo, si el afán del control se convierte en una obsesión extendiéndose también a los demás compañeros de trabajo, comienzan los problemas.

¿Qué problemas hay si el control se convierte en una obsesión?

Es muy sencillo. La persona controladora, y hablo de aquella que es obsesiva, suele reclamar a los demás compañeros cuando encuentra un error. Muchas veces suelen ser pequeños detalles. Pero parece que estamos ante una persecución o casería.

Seguramente alguien habrá escuchado comentarios como:

  • Esto o aquello no se puede hacer
  • No es correcto que…
  • Está prohibido…
  • Está mal hecho…
  • Hay que volverlo a hacer…
  • Escribirlo de nuevo…Borrarlo….
  • ¿Por qué hiciste esto o aquello…?
  • ¿Por qué lo hiciste así o asá…?
  • ¿Por qué te salió así….?

Cuando la necesidad del control extremo se convierte en una obsesión que la persona quien controla comienza a controlar a los compañeros y a perseguirlos para que corrijan el trabajo y cambien de actitud, se está arremetiendo contra su derecho de libertad de expresión, su libertad de hacer las cosas a su manera, su derecho a cometer errores y aprender de ellos. A nadie le gusta que le digan cómo debe hacer las cosas. A menos que ocasionalmente se le dé un consejo. Pero, cuando la persona obsesiva lo hace a diario y con varios compañeros, la actitud, aparte de molesta, se convierte en algo preocupante.

Esa clase de personas con una actitud de control obsesivo necesitan ayuda por parte de algún profesional. No obstante, suele conseguir más bien reproches convirtiendo a sus amigos y compañeros de trabajo en verdaderos enemigos.

¿Cómo podemos saber si necesitamos ayuda?

Hay varias señales que nos lo indican. El trato y los comentarios que recibimos por parte de nuestros compañeros son unos indicadores muy importantes y conviene hacerles caso. Nunca está demás hacer un test o una primera consulta para, por si acaso como diría uno, descartar.

EL CONTROL A SU DEBIDA MEDIDA

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