Contigo, pan y cebolla es una historia, ambientada en los años 50, que representa a una familia cubana que trata de sobrellevar su depauperada condición económica. Lala, madre y cabeza de familia, no quiere que sus vecinos se enteren de lo poco con que sobrevive su familia, por eso presiona a su esposo Anselmo para que obtenga el aumento de sueldo que ha esperado por varios años mientras lo obliga a comprar una nevera para demostrarse a sí misma que puede vivir en mejores circunstancias. El aumento no llega y tampoco alcanzaría para los cursos y demás estudios a los que ella obliga a asistir a su hija Lalita y su hijo Anselmito, que han aceptado las decisiones de su madre. Todos conviven con la tía Fefa, una mujer mayor que se siente inútil y arrimada en la casa, pero quien se da cuenta realmente de lo que sucede, aunque lo único que desea es poder disfrutar de sus programas de radio. Al final, Lala se da cuenta de qué es lo mejor para ella y su esposo, especialmente cuando sus hijos ya han realizado su vida, casándose y viviendo lejos de lo que fue su hogar.

Acerca del argumento Héctor Quintero diría: “Yo pienso que el tema argumental de Contigo, pan y cebolla ya no pertenece a Cuba; sino que se expande hacia muchísimos pueblos de América Latina, que tienen la misma situación que se narra: la familia de baja extracción económica. Sin embargo, continúa siendo un recuerdo para los que vivimos aquella etapa, y un periódico para los que no conocieron realidades como esas”.

CONTIGO PAN Y CEBOLLA es una comedia ambientada en los años 50 del siglo XX. Constituye la más fértil continuidad de lo mejor del teatro vernáculo cubano de finales del siglo XIX e inicios del XX. Invoca la época prerrevolucionaria, que ha sobrevivido a más de 30 largos años y aún puede ser representada en la contemporaneidad y hacernos reír a carcajadas o llorar con las situaciones por las que pasan sus famosos personajes.

Los tres actos de la obra conforman la típica estructura teatral dividida en tres partes y que el autor maneja correctamente, con la presentación de los personajes y del conflicto, luego la profundización de éste, hasta el clímax y posterior desenlace. Por otra parte la obra, a más de ser comedia, tiene elementos tragicómicos, es decir que es una obra para hacer reír, llorar, y pensar.

Personajes:

Lala, Fefa, Anselmo, Lalita y Anselmito son el eje central de la historia, aunque podrían sumarse como personajes el refrigerador y la radio. Desde el inicio de la historia el primero tienta a su búsqueda quijotesca, encabezada por Lala, que vive en la constante preocupación, no sólo debido al “qué dirán” y sus vecinos, sino por brindarle bienestar a su familia. Y la radio, porque hábilmente su autor supo usarlo como vía para que el lector-espectador sienta en carne propia la realidad consumista que impregnaba en Cuba a mediados de los años 50.
Para Lala, considerada por los especialistas como uno de los grandes personajes del teatro cubano, garantizar la alegría de su núcleo familiar constituye toda una odisea, y se esfuerza por inculcarle a Lalita y Anselmito que “sean alguien en la vida”. Pero la historia toma su curso y las circunstancias los obligan a otras maniobras para subsistir. No obstante, el elemento de humor en la obra se debe a los quejosos comentarios de Fefa, que vive pegada a su radio y su comadrita, y de sus discusiones interminables con Lala, quien le dedica desplantes de todo tipo incluso después de muerta, aunque sin una maldad premeditada.

“LALA: (…) Si no llega a ser por aquel billetico de la lotería, no sé qué hacemos. Hubiéramos tenido que meterla en una caja de bacalao y tirarla al mar.”

Los parlamentos de cada personaje están cargados además de humor, de una carga significativa de mensajes y una que otra situación en particular que para muchos puede resultar familiar. Ejemplo de ello son los diálogos entre los hermanos Lalita y Anselmito, o las intromisiones de la tía Fefa y las llamadas telefónicas de la vecina de la familia, que está pendiente constantemente de cómo vive la familia y qué come. El ambiente escenificado en la obra también da muestras de la humildad: se refleja en la manera de vestir, en el diseño de la casa, completamente sencilla, todo en blanco y negro. Son preocupaciones cotidianas las que allí se reflejan.

Es un teatro bien estructurado, con introducción, desarrollo (conflicto), desenlace final. Es una comedia porque el tema tratado tiene pinceladas de humor que hacen reír por las situaciones que se crean, además tiene un final feliz que de alguna manera avizora la llegada de un porvenir mejor. Sin embargo es una obra reflexiva, trata las miserias del ser humano y su lucha por la supervivencia en un medio hostil, donde los pobres no tienen posibilidad alguna de superarse. En la obra el personaje femenino de Lala ha sido trabajado con gran agudeza, a tal punto que el autor consigue hacernos partícipes de sus preocupaciones, el valor que tiene el personaje femenino guarda una estrecha relación con el que desempeñará la mujer después del triunfo, en su lucha incansable por superarse, por ubicarse en el mismo nivel que el sexo masculino, todo a través del esfuerzo y la dedicación, de ahí que ella recalque en todo momento en sus hijos la necesidad de estudiar , para superar en la vida, no sólo en lo económico sino también en lo espiritual. Es una lucha constante en contra de los rezagos del pasado.

La obra muestra cómo el ser humano es capaz de transformarse en la búsqueda de un futuro promisorio, que se resume en la igualdad de oportunidades, cuestión que se soluciona en Cuba con el triunfo de la Revolución.

Teatro inteligente, lineal, sin grandes complicaciones temáticas pero con un resultado interesante para el espectador porque refleja una realidad ya vivenciada en Cuba, y expone de esta manera la importancia que tiene el pasado histórico de una nación y la repercusión que puede provocar la vuelta atrás. Su mensaje es claro, el hombre debe avanzar y transformar su medio en beneficio de todos.

A pesar de todos los problemas de esta familia cubana, la obra tiene un final feliz, a través del amor y el apoyo entre todos, comprenden que lo más importante es estar juntos y salir adelante a través del esfuerzo propio, tal y cómo ocurre durante el proceso revolucionario, es decir, no importan las carencias y sí lo que tenemos y lo que podemos hacer todavía.

Contigo, pan y cebolla es entonces una obra de obligada reflexión y así lo ha demostrado en todos los escenarios donde se ha presentado, su público es inmenso: va dirigida a todos los que confíen y se preocupen por crear un mundo mejor, basado en la igualdad, en la solidaridad como principales premisas, no importa si lo que hay es pan y cebolla, mientras seamos capaces de compartirlo contigo, y con todos.

Teatro en Cuba

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