¿La contaminación aumenta el riesgo de alzhéimer?

Los efectos nocivos de la contaminación sobre nuestro cerebro son cada vez más cuantiosos. Por primera vez, un equipo de científicos ha detectado en el tejido cerebral humano cantidades abundantes de nano-partículas magnéticas, que se encuentran frecuentemente en el aire contaminado de las grandes ciudades como Tokio, Bombay o Ciudad de México, de donde procedían algunos de los participantes del estudio.

Pequeñas partículas de óxido de hierro, conocido como magnetita, son tóxicas y se ha sugerido que podrían desempeñar un papel importante en la aparición de la enfermedad de Alzheimer.

contaminación

Para su investigación, el equipo de científicos de la Universidad de Lancaster (Reino Unido) recogió muestras de tejido cerebral de 37 personas fallecidas de entre 3 y 92 años que habían vivido tanto en Manchester (Reino Unido) como en Ciudad de México (México).

El estudio es el primero en demostrar que las partículas magnéticas que se encuentran en el aire contaminado se han hecho un hueco en el cerebro

Los resultados del examen de esas muestras de tejido cerebral revelaron que a pesar de que la magnetita se produce naturalmente en el cerebro, la mayoría de las partículas presentes eran esféricas, con diámetros de hasta 150 nm. Por cada partícula natural de magnetita, encontraron 100 partículas esféricas (propias de centrales eléctricas). Las partículas esféricas suelen ir acompañadas de nano-partículas de otros metales de transición, como el cobalto, el platino o el níquel. Estas partículas tóxicas alteran las funciones celulares normales en el cerebro, causando estrés oxidativo y creando radicales libres inestables.

Aunque no se ha establecido ninguna relación clara entre la magnetita y el alzhéimer, estudios previos han encontrado una correlación entre las altas cantidades de este compuesto y la enfermedad en el cerebro de pacientes con alzhéimer.

“Es demasiado pronto para concluir que este hallazgo puede tener un papel causal en la enfermedad de Alzheimer o cualquier otra enfermedad cerebral”, explican los autores.

Estudio publicado en la revista The Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

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