La última curda es un tango triste y áspero.

Como todos los tangos tristes, trata de lo que ya no está. De aquello que vuelve bajo el fantasma del recuerdo que es pesadilla.

En la geografía del desencanto de la vida, La última curda nos ofrece las sentencias quizás más severas, pero, también, más verdaderas.

La última curda habla sobre la vida. Sobre su dolor y su falta de sentido.

Tango negro y sórdido, nos advierte sobre lo que alguna vez sospechamos y después supimos: “La vida es una herida absurda”

Si una canción es la recreación de un paisaje, La última curda nos convoca a sentir sobre las miserias del amor y sobre la impotente necesidad de acallarlas.

La última curda es la historia de un alma atormentada deambulando por el mar espeso del alcohol. Vocación de infierno. Destino de desolación.

Pero el clímax se revela pleno cuando interroga sobre fracasos y condenas, en clave de confesión.

Quizás allí es donde la poética y la dramática de la canción alcancen su altura de tesis existencial y psicológica. Haciéndonos intuir que la dimensión de nuestra tragedia tal vez pueda ser dicha en pocas palabras.

Esas palabras que nos negamos a pronunciar pero que sabemos cuáles son. Aunque elijamos ahogarlas en alcohol, en silencios impostados o en cualquier vano espejismo en que prefiramos encandilarnos.

Como todo buen tango, La última curda está allí, para cuando la necesitemos.

Para recordarnos que ya sabemos lo que preferiríamos ignorar.

Lo que puede resultar un alivio. Quizás.

La última curda

Tango

Música: Aníbal Troilo

Letra: Cátulo Castillo

Lastima, bandoneón,

mi corazón

tu ronca maldición maleva…

Tu lágrima de ron

me lleva

hasta el hondo bajo fondo

donde el barro se subleva.

¡Ya sé, no me digás! ¡Tenés razón!

La vida es una herida absurda,

y es todo tan fugaz

que es una curda, ¡nada más!

mi confesión.

Contame tu condena,

decime tu fracaso,

¿no ves la pena

que me ha herido?

Y hablame simplemente

de aquel amor ausente

tras un retazo del olvido.

¡Ya sé que te lastimo!

¡Ya se que te hago daño

llorando mi sermón de vino!

Pero es el viejo amor

que tiembla, bandoneón,

y busca en el licor que aturde,

la curda que al final

termine la función

corriéndole un telón al corazón.

Un poco de recuerdo y sinsabor

gotea tu rezongo lerdo.

Marea tu licor y arrea

la tropilla de la zurda

al volcar la última curda.

Cerrame el ventanal

que arrastra el sol

su lento caracol de sueño,

¿no ves que vengo de un país

que está de olvido, siempre gris,

tras el alcohol?…

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