Hospital con varias consultas

 

¿Quién no ha sido indiscreto alguna vez en su vida? Queriéndolo o sin quererlo, pero eso no cuenta, al final «metimos la pata»; dicho en un cubano clásico.

  Puede haber ocurrido en cualquier lugar, en la parada de un ómnibus, o dentro de este. En una tienda. En el cine, en el teatro. Tal vez caminando por ahí…

  Eso en cuanto a los lugares; pero también puede ser conversando con alguien de aquella persona que es fastidiosa para nosotros, pero que tal vez a ese alguien no le sea tan insoportable. Enamorando a la novia o rechazando a quien pudo ser nuestra futura pareja.

  Cuando íbamos a la escuela, más de niños. O en el parque al reírnos de aquel que pasaba.

  Este escrito se llama «La consulta» porque la última vez que «metí la pata», claro, hasta la próxima, fue precisamente en un hospital esperando para consultarme por un problema de salud,

  Y ya les cuento: 

 

  El salón estaba abarrotado de pacientes y no pacientes(los acompañantes), busqué bien y al fin logré sentarme.  Hice todo lo posible por entablar conversación con el hombre a mi izquierda, pero este no dejaba de escribir; el de la derecha leía el periódico.

  Se escuchaba por algún lado el llanto de los niños pequeños y al mismo tiempo el pleito de sus madres (nunca se llega a entender que ese regaño es siempre errado). También se oían las tentadoras ofertas de: maní, caramelos, galletitas, almanaques del año, periódicos… y lo fundamental; el murmullo de la mayoría porque no llamaban al primero de la lista.

  ¡El sudor ya empezaba a correr por mi espalda! Necesitaba relajarme, en mi primera consulta con el médico Ermes debía estar calmado. Necesitaba que uno de los hombres sentados a mi lado me atendiera:

— ¿Conoce usted al Doctor Ermes?

Al parecer no me había escuchado.

—Hace falta que el médico no empiece colando a sus amigos —continué insistiendo.

 ¡Lo logré! El que escribía me miró, aunque sin hablar. ¿De qué podría padecer el hombre? Por su cara no llegaba a treinta y cinco años. Pero eso no importaba, mi objetivo era relajarme y empecé con la crítica que venía preparando desde el momento que llegué al hospital y lo encontré completamente lleno. Terminé criticando incluso al propio doctor Ermes, no lo conocía, pero seguro atendería primero a sus amigos…

  De pronto fui interrumpido por el audio interno: “Doctor Ermes, la consulta cuatro ya está preparada”.

  Entonces quedó un espacio vacío mi izquierda.

Salón de espera

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