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La constancia de los recuerdos

En tu vida, ¿Cuáles son tus recuerdos más arraigados? ¿Los malos, o buenos? Se dice que cada cabeza es un universo diferente, y la frontera entre bueno o malo es cambiante (y hasta relativa), la pregunta es necesaria para entender lo que pasa en nuestra mente. Verdaderamente nuestro bienestar esta aliado a los instantes que recordamos y en que escala los valoramos.

Si pones atención, siempre nos construimos historias adheridas al volumen de los recuerdos. Piensa; no es lo mismo pensar en todo aquello que nos regaló momentos gratos que, en los malos ratos que ocurrieron; el cuento que compartes con los demás y contigo, fortalece la impresión que te quedó del pasado y de alguna manera determina el real valor que le das a tu vida (o a los momentos gratos).

¿Cuáles momentos tienen mayor relevancia en tu memoria?

En la psicología evolutiva la mente funciona como una cinta aislante para los buenos recuerdos y como un cierre que une dos materiales diferentes, para los malos. Según esto, tenemos más presentes los malos momentos por una razón de supervivencia; nos mantienen alertas y listos para escapar del peligro.

Cómo el caso de nuestros ancestrales nómadas, constantemente bajo la amenaza de los depredadores, que de haber pasado el día soñando con la placidez del río, se descuidarían y terminarían siendo la comida de otro animal. Aunque han pasado varios siglos de aquel escenario, nuestro cerebro conserva esos grabados neuronales. Mirándolo así; los malos recuerdos nos enseñan y nos protegen.

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El psicólogo estadounidense-israelí, premio Nobel, Daniel Kahneman tiene otra opinión. Según él, en nuestra mente conviven dos Yo, el primero vive la experiencia del presente y el segundo las guarda en la memoria para después construir las historias de los sucedido. Según, la importancia de los eventos y el momento cuando pasan, el Yo de la memoria les asigna un peso y una valoración. Así, si el goce de un momento feliz es interrumpido por un accidente al final, este se considera más grave que al principio.

Y si a eso se le agrega el haber dormido mal, por ejemplo, la evaluación será mucho peor. Desde este punto de vista la evaluación de bueno o malo depende de las percepciones que tenemos después de que nos pasan las cosas, y especialmente de cómo usamos las experiencias pasadas para planificar el futuro. Si nos contamos a nosotros mismos las malas historias todo el día de seguro se tendrá una visión del futuro opaca y gris.

Hay otros estudios que aseguran que, olvidamos los malos recuerdos como, una estrategia de procesar la negatividad y por cierto adaptarnos a los cambios de la vida con una actitud positiva. Lo que llaman el Fading Affect Bias (el desvanecimiento acepta sesgo o FAB, es un fenómeno psicológico en el que la información sobre emociones negativas tiende a ser olvidada más rápidamente que la asociada con emociones agradables).

¿Cual ha sido tu experiencia¿

Ha sido; que los recuerdos tienen mayor énfasis en la medida que enfoco allí la atención. Sean buenos o malos, si me enlazo con ellos y le dedico tiempo (sin estar consciente de que lo estoy haciendo), les doy mayor peso y relevancia. Cuando los recuerdos traen emociones agradables, no hay mayores dificultades pero; si hay sufrimiento la cosa cambia. Entonces me vuelvo activamente al presente y dejo que se vayan esos recuerdos para hacer soportable la carga.

La pretensión de tener un mejor pasado es una inutilidad. Eso ya paso. Según Francois Ansermet, psicoanalista, “los resortes de la memoria están en nuestras manos No podemos cambiar los hechos, pero si el modo en que los interpretamos y recordamos y por tanto en cómo nos influyen, los sentimos y nos afectan”.

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