La constancia es una virtud muy principal.  Sin ella no se puede poner en práctica ninguna otra virtud. La constancia es básica si se quiere conseguir la perfección. Un corazón inconstante se fatiga en vano. Es gran tropiezo para las almas caer en esa trampa del desaliento, porque la  inapetencia espiritual conduce a la inconstancia.

Muchas veces las almas  se marcan un camino y se proponen alcanzar unas metas. Movidas por los buenos instintos hacen unos propósitos. Los primeros días todo va bien, y el hombre se siente contento porque ha superado esos defectos que le hacían sentirse desdichado.

Contento y lleno de satisfacción va el hombre, seguro de sus provechos. Pero, llega la decepción, la  prueba porque es necesario que el oro pase por el crisol. Dios prueba los corazones que ama.El hombre no supo orar, confió demasiado en sí mismo y se olvidó de sus flaquezas, y los propósitos se convirtieron para él en una desilusión; está resentido en su interior, su corazón le ha traicionado y le envuelven angustias y pesares; se aparta de Dios porque no se puede ajustar a su voluntad.

El hombre desanimado dice: ¿Para qué voy a hacer propósitos, si luego no los cumplo? ¿Para qué voy a esforzarme, si no voy a conseguir nada? Y en ese desaliento el alma no repara de Aquel que la ama conoce sus flaquezas, no se escandaliza de ellas y la quiere como es.

El hombre debe de olvidarse de sí mismo y volver con más frecuencia los ojos a Dios, buscando agradarle sin esperar nada a cabo. Debe renunciar a todo para centrarse en Cristo, porque quien permanece unido a El dará fruto, como lo dan los sarmientos unidos a la vid. El hombre debe de recordar las palabras de Jesús: Te basta mi gracia, porque mi fuerza se realiza en la flaqueza; y en esa flaqueza está su fuerza.

El desaliento lleva a la inconstancia y la inconstancia lleva a la tibieza. El hombre  humilde persevera porque está convencido de su natural viciado, y como lo tiene bien asumido, no espera de él nada bueno. Sabe que  todo viene de Dios.

El amor, la confianza y la humildad son virtudes muy importantes para perseverar en el bien. El que ama, confía y espera en Aquel que ama, prque sabe que una de las exigencias del amor es la fidelidad. 

No es bueno esperar de mi más de lo que conviene, más bien debemos tener en nosotros mismos una sobria estimación. 

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