Son increíbles las consideraciones, meditaciones y percepciones, que desde la filosofía, algunos plantean, acerca del beso, o quizás más bien, entorno a besar.

Como diría el filósofo, autor del Diario de un seductor, el beso en sí mismo no importa, posiblemente es un simple sustantivo, por lo que creeremos su apuesta, y es que el beso emana su elixir, solo en la insondable virtud de su ejercicio.

Pues bien, un hombre me habló de estas profundas y minuciosas reflexiones, con la diligencia adicional de enviarme documentación que apoyara tan magno trabajo.

Sospechosamente la autoridad de su consejo, de que yo leyera y estudiara el tema, pareció más bien la antesala seductora a un encuentro oral en el que el BESO entre él y yo, sin alcanzar a entender cuándo y cómo, traspasó las fronteras bucales y se extendió a zonas que parecen escondidas, como si fuera misión de un buen samaritano descubrirlas y transformarlas en labios, encías, dientes y lenguas, geográficamente desconcertantes.

Dice Kierkegaard, el filósofo del documento carnada en esta ocasión, que todo beso erótico, independientemente de su tipo, nace del deseo sexual.

Pero podría dar testimonio a esta audiencia, de que en este caso, el deseo sexual pareció algo similar al llamado agónico de un alma a la otra.

Por más corpóreo que sea un beso, su esencia transciende el mundo de lo físico, y nos transporta a dimensiones espirituales, metafísicas, o de otro universo, que convierte un básico deseo sexual, en algo más parecido al miedo, la desolación, y la necesidad de decir, cuánto se ama o cuánto se quiere ser amado.

Como una estudiante aventajada, condición solo atribuible al fruto de las peripecias de los métodos de su maestro, tendré que explorar algunas cuestiones particulares, para entonces confirmar otras características del eterno acto de besar, que solo con la práctica juiciosa y sacrificada nos podrá llevar a entender, y esto únicamente para fines de la historia y de los conocimientos esenciales de la humanidad, que existen muchos labios, muchas encías, muchos dientes, muchas cavidades escondidas o refundidas en la morfología terrenal, esperando ellas a ser descubiertas por un dedicado explorador, con alma de seductor y amoroso maestro, o según sea el caso, por lo menos, de filósofo.

Podemos tan solo adelantar, que parece ser que no solo la biología define a la anatomía, sino que parece ser que los misterios de lo que sucede mientras se besa, delinea nuevas formas del cuerpo, que escapan a lo que hasta el momento se nos ha dicho en libros, revistas y hasta documentales sobre justamente, esa misteriosa anatomía humana.

También puedo avanzar en decir, que finalmente la apuesta hipotética y también arriesgada de este maestro, quien propuso que al besar, decía lo que tenía aturugado en la garganta, sin voz, como una especie de criatura que no existe en el mundo de las palabras; ha encontrado razones veraces y corroborables en las huellas de su boca, de sus bocas en mi propia anatomía, para aceptarse como posible.

Es posible decir tantas cosas con un beso, que aún resuena el eco de palabras lamidas, como un escalofrío lingüístico, sin zona orgánica lógica.

consideraciones sobre el beso

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