Conocimiento Obtuso

Recuerdo los indecentes, sonoros y hostiles chasquidos que emitía el manteco profesor de matemáticas cuando quedaba extasiado, como alucinado, mirando fija y perdidamente el tablero después de haber resuelto cientos de veces la ecuación del mismo teorema de siempre. Pensativo, pasándose lentamente la mano por esa caraza mofletuda y coloreta que contrastaba con su lisa cabellera rojiza aplastada laboriosamente con brillante fijador. Recuerdo su crueldad, que rayaba en el sadismo, al lograr la deliberada humillación de quien no entendía o descubría las cuatro babosadas que tan chambona y orgullosamente él exponía, y de las cuales se alimentaba su agreste ego de contrahecho gnomo.

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