El gran artista Miguel Angel, según cuenta la historia no oficial, pinto la capilla SIXTINA, obligado por el Papa, también cuenta esta historia, que Miguel Angel pertenecia a una secta y que dejo esconcido en su obra un mensaje secreto solamante para los iniciados, y esta es la historia que nos cuenta  Philip Vandenberg en su obra la conjura Sixtina.

Durante siglos, las impresionantes pinturas de la Capilla Sixtina habían desconcertado a los habitantes del Vaticano por la fuerza de sus imágenes, muchos teóricos de las sectas han creido descubrir mensajes ocultos en la obra de Miguel Angel.

En las pinturas de la capilla Sixtina, primero apareció una A, descubierta en el pergamino que porta el profeta Joel. Un poco después la sigla IFA, pintada sobre un libro que tenia en un atril la sibila eritrea. después de un año más tarde, las obras de restauración llegaron a los oleos de Ezequiel y la sibila persa, dejando a la vista de todo el mundo la silaba LU y la letra B.

Aterrorizado, el secretario de estado del Vaticano, Giuliano Cascone, decidió en ese momento adelantar la limpieza del óleo de Jeremias, con la fundada sospecha de que la bóveda de que este quinto iluminado también podría dar una sorpresa. Y de esta manera apareció la ultima A, para completar una enigmática palabra: AIFALUBA, oculta entre las imágenes con las que Miguel Ángel había pintado los techos de la Capilla Sixtina.

Nadie sabia el significado de aquella palabra. Ni como había podido permanecer oculta en aquel impresionante monumento sin que nadie se diera cuenta, durante más de cuatro siglos.El pintor y escultor florentino se había vengado por las argucias y engaños con las que el papa Julio II le había obligado a pintar la Capilla Sixtina.

La inquietud y el desasosiego habían hecho mella en el animo del cardenal Cascone, quien encomendaría a su eminencia Joseph Jellineck, en su calidad de prefecto del Santo Oficio, la rápida y silenciosa resolución del enigma. Pero Jellineck no tardaría en vez amenazada su tarea e, incluso su vida también.

Era evidente que la curia romana intuía un peligro en el mensaje dejado secretamente por Miguel Ángel. Y por supuesto, la curia romana jamás dejara que nada, ni nadie, pudiera causar daño a la Santa Madre Iglesia.

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