El DESLUMBRAMIENTO también puede ser provocado por una fuente secundaria: radiación reflejada en una superficie reflectante, con efectos no tan molestos pero negativos para el confort visual y el contraste.

Las facultades visuales dependen del rendimiento visual de la tarea y la percepción visual de la persona. La percepción visual es la aptitud de una persona para detectar, identificar y reaccionar ante los estímulos presentes en el campo visual. Depende directamente de la agudeza visual, la acomodación y la adaptación a la visión.

La agudeza visual es la capacidad que permite identificar objetos pequeños. La visión del detalle más pequeño que el ojo es capaz de percibir. El ojo tiende a adaptarse a una luminancia media de los objetos presentes en el campo visual y la visión mejora con un buen contraste. Aumenta en la fracción del espectro visible verde-amarillo y disminuye en el verde-azul.

La acomodación de la luz es la facultad de enfoque de una imagen nítida de un objeto que se encuentra a una determinada distancia. El cristalino regula esta función, alargándose verticalmente para enfocar de lejos y haciéndose redondo para enfocar de cerca. Se gana con un buen nivel de iluminación y se pierde con la edad.

La adaptación del ojo es la capacidad para adaptarse a las diferentes iluminaciones de los objetos mediante la pupila. El iris es la parte del ojo que regula esta función. El tiempo de adaptación a la oscuridad es más grande que el tiempo de adaptación a la claridad.

Para iluminar un local o lugar de trabajo, hace falta hacer un análisis previo de las necesidades de iluminación de la tarea y de los aspectos económicos como la eficiencia energética, los costes disponibles de las luminarias y lámparas y el aprovechamiento de la luz natural. Depende de muchos factores, a veces contradictorios.

La LUZ natural tiene más calidad, mejora el ahorro energético, permite adaptarla mediante claraboyas, persianas, cortinas, y consigue un contacto visual con el exterior.

La elección de una fuente de luz artificial depende (además de la estabilidad del flujo lumínico, el rendimiento cromático y la tonalidad) de la eficiencia energética y la vida media útil.

Las lámparas incandescentes tienen la ventaja de emitir un espectro continuo, discriminan muy bien los colores y mantienen la estabilidad del flujo. Pero tienen una vida limitada alrededor de las 1000 horas y muy poca eficiencia energética.

Las LÁMPARAS incandescentes halógenas contienen un gas inerte para retardar la evaporación del filamento y puedes funcionar a una temperatura más elevada. Como ventaja observamos que tienen un tono de luz más nítido que las incandescentes y son más eficientes pero tienen una vida útil muy baja.

Los factores de reflexión recomendados en los techos están por encima del 70%, paredes entre el 50-75%, el mobiliario entre el 20-50% y el suelo entre el 20-25%.

El confort lumínico

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