conformista

La conformidad trae consigo infelicidad

Revisando algunas publicaciones y revistas buscando material para escribir, me encuentro con la reseña de una de las fábulas de Tolstoi, donde cuenta sobre un mendigo que pasó toda la vida, sentado encima de una jarra llena de dinero. Este infeliz nunca se dio cuenta de que tenía un tesoro tan a la mano, ocupado como estaba con la mano extendida recibiendo la dádiva de caridad de los buenos samaritanos, al punto que solo con eso se conformaba. Se sobreentiende que vivió como murió, ¡en la miseria!

Lo que quiere recrear el autor de la precitada reseña es que; el conformismo como sentimiento es una de las rémoras que detienen el avance del espíritu humano, por cuanto le quita cualquier motivación, lo arrastra a la inacción, a la mediocridad, los despoja de cualquier iniciativa para enfrentar los obstáculos de la existencia y le coarta los sueños. ¡El conformista es enemigo del progreso!

El conformismo con lo que tenemos –mucho, poco o nada- es dejar de existir para solo sobrevivir, es abandonarse a los caprichos de la vida, a los vientos de la desidia, nuestras aspiraciones y sueños como seres humanos, y por descarte, proclives a la perversa tarea de presenciar paralizados como, otros hacen lo que nosotros no somos capaces de hacer; realizar nuestros sueños y aspiraciones.

Que nos sintamos espiritualmente impelidos a luchar en la vida diaria siempre un poco más, no es un despropósito codicioso, no solo en nuestro beneficio personal, sino propiciar el beneficio para nuestros semejantes, Cuando alcanzamos algún triunfo, muchos; son triunfadores con nosotros, cuando estamos en conformidad, muchos se lastiman por nosotros. Todo lo que realizamos o dejamos de realizar, repercute en los demás. Por contraste todo lo que hacen o dejan de hacer los demás, se refleja en nosotros.

desidia

Pensando en positivo

Indudablemente que somos más felices en la medida en que menos nos conformamos y por extensión con el inconformismo de los demás. Los humanos cuando pensamos en positivo, somos felices, aunque el camino esté minado de obstáculos sin fin. El espíritu se nutre de energías positivas, confía en su capacidad, no tiene necesidad de mantener posiciones incómodas, se empeña en avanzar, para; conquistar nuevas y más empinadas plazas. Cada vez que lo consigue, siente gratificado su esfuerzo, cumple una meta y, nos sentimos felizmente recompensados cuando hacemos realidad nuestros sueños.

Un individuo conformista compromete su futuro porque; se niega al cambio, se acostumbra a su realidad, aunque esta sea miserable, se conforma con una dádiva como el pordiosero de la fábula de Tolstoi, lo mediatiza la más cruel de las indigencias, cual es; la indigencia del espíritu, diría alguien…

He aquí una de las citas más afortunada del Dalai Lama. “Soy afortunado el día de hoy por haberme levantado, estoy vivo, cuento con una preciosa vida humana; no voy a desperdiciarla. Voy a utilizar todas sus energías para desarrollarme…, lograr la iluminación”.

Un pecado inadmisible sería resignarnos a que otras personas trabajen y sean creadores por nosotros, desperdiciar nuestras oportunidades como entes inteligentes, es contentarnos con ser comparsas en la obra que es la vida, es permanecer estáticos, impertérritos sobre un jarrón repleto de riquezas como el pordiosero aquel mencionado arriba; embobados, pronunciando loas, tal vez; al éxito ajeno.

Fuente: www.revistadominical.com

mancha1

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