La confianza es uno de los valores con mayor importancia, en el sostenimiento histórico de la sociedad.

La confianza como sinónimo de creer, ha posibilitado los grandes cambios políticos y sociales en el devenir del ser humano.

La confianza ha permitido el desarrollo evolutivo de las profesiones como base de la estructura de la sociedad.

La confianza jalona de alguna forma los demás valores, la confianza en la honestidad, la confianza en el respeto, la confianza en la transparencia.

La confianza es fundamental en todos los procesos que involucran el desarrollo del hombre, tomándola como soporte solido en su feliz consecución.

El niño en sus primeros pasos confía en que sus padres no lo dejaran caer, el enfermo confía en la capacidad curativa del médico, el requerido por la justicia confía en el abogado para esclarecer su caso.

Como vemos, la confianza es la garantía de la verdad, como respaldo del éxito en lo que se emprende, mantenerla conserva el ordenamiento social de convivencia pacifica.

Nuestra historia reciente  ha significado un enorme deterioro de la confianza, dado los sucesos de todo orden político, económico, social,  cultural y empresarial.

La confianza en el lado opuesto nos ha hecho sospechosos a todos, la duda es la pauta que guía nuestros pasos, poco se cree en el otro.

Sucesos como los cambios políticos aparentes  de sistemas de gobierno, de derecha a izquierda por ejemplo, con todos los mismos vicios de los aparentemente cambiados.

Atentados terroristas, volviendo altamente sospechosas culturas con altas dosis de fanatismo religioso y descomposición social.

Crisis financieras de países aparentemente disciplinados, honestos y transparentes, arrastrando consigo la estabilidad de terceros que confiaron en ellos.

Pueblos arruinados por confiar en encantadores de serpientes, con sus famosas pirámides.

Pueblos arruinados por la ambición desmedida e irracional en las pirámides, enfermos mentales de la confianza de lo  quimérico.

La descontrolada confianza en la tecnología, alterando a pasos agigantados el orden social, las famosas chuzadas de las comunicaciones, violando la intimidad de las personas y la privacidad de los procesos.

En toda negociación la sospecha fluye que el engaño ronda, tratándose de hallar el lugar donde se depositó el veneno.

La confianza en los principios invertidos, los jóvenes de la calle que comparten con sus amigos la droga que los destruye.

La confianza en los principios invertidos, la lealtad de los empleados que no denuncian al jefe ladrón, porque es muy buena persona y les brinda numerosos privilegios.

La pérdida de la confianza ha significado un retroceso en los procesos democráticos, de construcción de una mejor sociedad civil, solidaria, tolerante, pluralista y aperturista.

Las sanas propuestas tienen poca acogida, porque siempre se espera engaños e incumplimientos, encontrar socios es tarea de titanes.

Recuperar la confianza no puede ser un proceso de predicar sin aplicar, pero lógico es que estamos muy lejos de iniciar el proceso.

Cada década trae consigo las mismas deformaciones de la confianza, es un proceso repetitivo que no cesa jamás, juzgamientos que solo producen ruido y que conducen a la agonía de la misma.

Parece que la muerte de la confianza es un proceso tatuado en nuestras almas, sin importar la cultura ni el grado de desarrollo.

¿Será posible evitar la muerte de la confianza?

 

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