La confesion de los pecados, incluso desde un punto de vista simplemente humano, nos libera y facilita nuestra reconciliaciòn con los demàs. Por la confesiòn, el hombre se enfrenta a los pecados de que se siente culpable; asume su responsabilidad y, por ello, se abre de nuevo a DIOS y a la comuniòn de iglesia con el fin de hacer posible un nuevo futuro.

La confesiòn de los pecados hecha al sacerdote constituye una parte esencial del sacramento de la penitencia: "En la confesiòn los penitentes deben enumerar todos los pecados mortales de que tienen conciencia tras haberse examinado seriamente, incluso si estos pecados son muy secretos y si han sido cometidos solamente contra los dos ùltimos mandamientos del decàlogo, pues a veces estos pecados hieren màs gravemente el alma y son mas peligrosos que los que han sido cometidos a la vista de todos."

Cuando los fieles a cristo se esfuerzan por confezar todos los pecados que recuerdan, no se puede dudar que estàn presentando ante la misericordia divina para su perdòn todos los pecados que han cometido. Quienes actùan de otro modo callan conscientemente algunos pecados, no estàn ante la bondad divina nada que pueda ser perdonado por mediaciòn del sacerdote. Porque "si el enfermo se averguenza de descubrir su llaga al medico, la medicina no cura lo que ignora."

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