Antes de entrar en materia, la cordialidad me llama: MUCHAS GRACIAS, PÚBLICO LECTOR, POR LA INVERSIÓN EN ESTA LECTURA DE TU TIEMPO Y ATENCIÓN.

 

 

CON INCOLORO CRISTAL, LO QUE ES, SE MIRA COMO ES.

Parte 2

Comenzando a hablar de responsabilidad, en la entrega anterior, ciertamente el enfoque fue crítico; de verdad, aunque uno de mis propósitos es abrir brechas que aclaren el rumbo de vivir en sociedad y no criticar, no me es fácil por imposible poderlo evitar: tanto así que determiné enfocar sólo tres incongruencias productoras de infortunios y terminé citando cinco. Al grano.

Si entendemos la palabra esencia en su sentido más profundo (propiedad, naturaleza…) es fácil captar qué grande e indispensable es la responsabilidad; pero RESPONSABILIDAD también debe ser correctamente entendida. RESPONSABILIDAD es osamenta de DEBER; la responsabilidad sustenta al deber, de ella depende que él sea o no consumado. Parece horrible la responsabilidad, por el abismal contraste entre sus dos vertientes, pero es hermosa; ¿cuáles las vertientes?: VOLUNTAD y OBLIGACIÓN. Si una persona asume el cumplimiento de un deber, efecto para el cual no tiene la más mínima voluntad, y éste no pende de obligación… ¡sentémonos a contar cuentos señores!; si una persona tiene un deber obligatorio (aunque en la práctica no existe por ninguna parte, al menos sí para ilustrar este ejemplo) y lo cumple voluntariamente, siempre le será inmensamente placentero como inmenso el beneficio de emanación. En el primer ejemplo se requiere obligación, pero no existe y el deber muere víctima del incumplimiento; en el segundo ejemplo, con la disposición y la firmeza, dos entre tantas otras benignas propiedades que le constituyen, la voluntad fortifica al deber y lo enaltece (como debe ser). Es posible que a esta altura alguien pregunte: ¿Y dónde está el problema?. Bien: el problema está en que la obligación no es aplicada y la voluntad casi nadie la tiene; está en que jamás habrá orden en parte alguna prescindiendo de la responsabilidad; está en que en nuestro fuero interno desdeñamos la responsabilidad por odiosa ante nuestros “intereses”; está en que, al no quitarnos los “cristales”, vemos la comodidad caótica como beneficio y como inconveniente la responsabilidad (no importa que no se crea así, lo es y nos daña inevitablemente). Elemental: ¿Acaso nos hemos detenido a analizar cómo denominar al acto de pasarse la luz roja del semáforo, o al de cruzar la calle fuera del rayado (o la autopista fuera de la pasarela), o al de lanzar desperdicios en las calles… (etcétera infinito desgraciadamente) …?; eso es comodidad caótica, ¡y pensar que es el pan nuestro a diario en la conducta de gente “responsable”!.

Lo primero que tenemos que hacer es quitarnos los “cristales”; auto-observémonos; derrumbemos la coraza que nos incomoda e impide que reconozcamos lo que hacemos mal, si no, si queremos ser gente en verdad de bien, ¿cómo vamos a enmendar qué si no podemos verlo dada la cerrazón para reconocerlo?. Esto es principio de universal aplicación; aplica en todos los temas, ámbitos, conductas y actividades en que intervengamos.

Mi caso ha llegado a lo dramático, por eso estoy escribiendo; tal es mi grado de entendimiento (modestia aparte) que, en mis vistos y conscientes actos de irresponsabilidad, quiero llorar todos los días viéndome abrazado por la comodidad caótica. Todo comenzó el once de abril de dos mil dos; una profunda reflexión nocturna esa noche, y en el día y noche siguientes. Desde siempre había visto una que otra cosa; pero muy someramente en verdad, aunque en algunas otras áreas del saber ya estaba bastante firme (quizá eso me ayudó a enfrentar la situación interna que ese día se planteó dentro de mí). Es desde el precitado día cuando mi entendimiento acerca de muchas cosas, de las cuales depende la vida en grupo, definitivamente se solidificó. Como que de muy poco vale que una o mil personas entendamos cómo debemos vivir; ¡es que si no lo sobrepasamos, al menos bordeamos los siete mil millones de almas en el mundo!. Por eso, aunque tarde quizás (tengo 50 años ya), tengo hambre de escribir, tengo hambre de compartir, tengo hambre de colaborar.

En la tercera parte profundizaré la temática de la responsabilidad, con el propósito de vislumbrar qué hacer colectivamente para instaurarla (más que una propuesta una urgente necesidad).

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