Lejos de todo afán de protagonismo (muy en boga en estos y otros tiempos), voy a escribir con el propósito de, al compartir lo que sé, con ello contribuir a hacer ver el orden en que para bien debemos vivir. Sé que para muchos es antipática mi forma de enfocar lo que trato, lo siento, yo de verdad lo siento; cosas de suma seriedad no deben ser aberradas en la búsqueda de que puedan ser aceptadas con toda facilidad. ¡Qué bueno hubiera sido no tener que escribir como tengo que escribir!

Muchas cosas, muchos conceptos, muchas realidades… son; pero, no porque yo las acepte o no, van a dejar o no de ser, son, y, lo son, sobre cualquier circunstancia contraria o no. Ya desde aquí, seguro, puede empezar la antipatía.

Mi mayor y gran deseo: que Dios nos bendiga a todos siempre; que, todos los asombrosamente talentosos, sean asombrosamente honestos y respetuosos por voluntad o por obligación; que los cegadores de vidas ya no estén sino como humanos; que vivan siempre, en todas las memorias, todos los extintos inocentes asesinados por los bárbaros cegadores de vidas; que aquellos, a quienes alguna vez les fue conculcada la poca libertad por ser pocamente libres, doquiera que existan puedan saber que la libertad total conquistó el grado de inconculcable, que únicamente puede perderla quien ose ser delincuente; que el brillo del amor en los corazones de todos deje ver que ciertamente nos volvimos seres humanos. Lo menos que puedo esperar es que mi objetivo, al escribir, al menos medianamente lo pueda conseguir; eso espero, espero poder brindar un aporte valedero en pro de la real vida en sociedad (no sólo en estas lacónicas líneas. Qué hacerles decir a las letras tengo bastante).

Antes de entrar en materia, la cordialidad me llama: MUCHAS GRACIAS, PÚBLICO LECTOR, POR LA INVERSIÓN EN ESTA LECTURA DE TU TIEMPO Y ATENCIÓN.

 

 

CON INCOLORO CRISTAL, LO QUE ES, SE MIRA COMO ES.

Parte I

La verdad es que, en la medida en que se expande la población de las naciones, los errores con los que ha pervivido la humanidad desde sus inicios, indubitablemente se ven también expandidos (el hecho de que se transformen los hace parecer erradicados: lejos de errores …progresos); el resultado inexorable es desgracias tras desgracias; así las cosas, cada vez estamos inmersos en un más y más entramado laberinto que amenaza perdernos: la megalomanización de pocos, la idiotización de muchos, y la irresponsabilidad de todos.

El ser humano, ostentador del raciocinio, ¿es igual a un únicamente instintivo animal?. De esta preguntan saltan inmediatas otras tantas: ¿es con certeza conveniente, organizador y práctico,  que los deberes verdaderos no sean conocidos y mucho menos existan en el real accionar de las personas humanas?, ¿acaso no es posible, beneficioso y sostenible, la observancia de una conducta modelo individual y colectiva en consecuencia?, ¿será verdad que nadie puede ver la perentoriedad que tiene la humanidad, de salir de la mentira envuelta en la cual reos los pensamientos, las palabras y las acciones, se vuelven en contra de la propia esencia espiritual?; las facilidades que tenemos para erradicar toda nociva ignorancia, y hacer de la vida en grupo una estancia placentera integralmente, ¿por qué serán tan difíciles de aplicar?... Toda pregunta tiene su respuesta, todo problema tiene su solución (no hay alguno que no la tenga); la muerte, que sea un problema es una farsa, es el cierre de un ciclo y la apertura de otro(s), sencillamente es eso.

Nosotros, los individuos del género humano, frente a cualquier otra individualidad dotada de vida y perteneciente a otra especie distinta a la nuestra, gozamos de un privilegio exclusivo quizá (al menos en este mundo así se puede observar): la razón, la capacidad de razonar.

Hay un algo muy tenebroso que puede observarse con relativa facilidad: estamos usando nuestra capacidad de razonar para defender una diversidad de pensamientos que no son tal. No son tal porque, como cada cabeza es un mundo y hay que respetar la “verdad” de cada quien, cada vez estamos más afuera del mundo dentro del que estamos; el vivir en sociedad implica que cada miembro piense en el todo (la sociedad) y obre en consecuencia, o si no que la abandone y se mude única y definitivamente al “mundo” que es su propia cabeza.  Es cierto que en la vida individual cada persona es una vivencia diferente y tiene en consecuencia verdades distintas; lo tenebroso está cuando se trata de temáticas comunes, de las cuales se desprende la aplicación de acciones que deben regir la vida de la generalidad de individuos: entonces espanta que cada uno de los influyentes vea a través de un “cristal” de “color”. Espanta que no hay “colores” iguales: algunas personas ven rojo; otras ven verde; otras ven púrpura; otras ven beige; otras ven violeta… Y esos “colores” tienen multitud de tonalidades, ¡ay Dios mío!. Como que a nadie le interesa quitarse de la “vista” los “cristales”. Estamos en un mundo en el cual las grandes masas ven las cosas de importancia trascendental según intereses individuales, o con la creencia de defender lo que más y mejor igualmente cree que le beneficia. Otras personas no “ven”, ni con “cristales” y sin ellos mucho menos, pero tienen “hilos” mediante los cuales les guían su accionar; sin los “hilos” están “muertas”. El asunto es que casi nadie sabe, o no quiere saber, y a otros ni remotamente les interesa saber, qué debe aplicarse en todos los órdenes para eliminar no los problemas (sin los cuales como que no habría generadores de actividad ni propósitos para vivir) sino la fantasmal degradación en que ya vivimos; son diversos los condicionantes que requerimos aplicar, pero todo está constituido para que no las conozcamos siquiera. Tenemos un condicionante para la vida en colectivo que en la práctica está erradicado realmente, no obstante ser parte medular del cimiento principal requerido para poder vivir auténticamente en sociedad: LA RESPONSABILIDAD. Todo a medias es nada; cualquiera puede plantearse al leer esto que es responsable y que conoce a otras personas responsables, es que no sabe que todos los que somos responsables lo somos a medias (nadie, aunque quiera, puede ser responsable porque el sistema lo impide: está constituido para eso). Aunque el significado real de las palabras no es la condición tratada en esta parte, se hace imperativo recurrir a ella. La palabra SOCIEDAD, cuando se refiere a conglomerado de personas es entendida como eso simplemente: grupo, familia, colectividad… Pero eso es todo. Alguien puede decir, acertadamente por cierto: Sociedad es convenio. Correcto, como correcto es que, por la aberrada aplicación de lo que debería ser un convenio, precisamente allí gestan la irresponsabilidad los “entendidos” esgrimiendo las armas del derecho; es que cuesta trabajo creer que no sea ex profeso ¿cómo puede equivocarse tanta gente instruida e investigadora?, pero el beneficio de la duda está cedido y hay que procurar correctivos.

Entre tanta infinidad de incongruencias productoras de infortunios (sólo para los idiotizados irresponsables que somos casi todos) enfoco sólo tres, en la esperanza de que quien lee capte y vea sin “cristales” la desgracia que nos abraza para no dejarnos crecer:

  • No es RESPONSABILIDAD destrozar la escuela donde se estudia, sus pupitres y enseres en general. Sólo porque es gratis, como comienza nuestro vivir no lo podemos ver, otros que ni nos interesan tienen que pagar para nosotros la educación “gratuita”; y en muchos “estudiantes”, lejos de formación, en semejante ambiente de irresponsabilidad germina la idiotización.

 

  • No es RESPONSABILIDAD percibir un ingreso dinerario infalible en el tiempo por producir daño, o por no trabajar, o por tener vínculos de algún tipo con los “manejadores” (que más bien sí son propietarios indebidos) de los erarios nacionales.
  • No es RESPONSABILIDAD determinarle el salario a un trabajador ni que este lo acepte, conociendo el producto y valor de su función, mendigando un contrato colectivo o un decreto tal o cual.
  • No es RESPONSABILIDAD aceptar en sociedad alguna la regencia del “amor libre” ni la homoxesualidad como paradigma de vida (respeto a todas las tendencias y corrientes; pero con recíproca responsabilidad siempre).
  • No es RESPONSABILIDAD el abandono de la niñez, hasta prenacida inclusive, y cargar hasta la muerte la cara “lavada” de todo dolor plantado.
  • No es RESPONSABILIDAD la indiferencia frente a la irresponsabilidad, cualquiera sea su índole (y hay que ver que casi no tienen fin, son diversísimas).

Otros tópicos pertinentes trataremos en la segunda parte.

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