Cuando no somos capaces de solucionar los problemas diarios que nos afectan, tendemos a proyectar toda la tensión hacia nuestro propio cuerpo. Pensar que tenemos un trabajo poco estimulante, mal renumerado o el temor a perderlo, que dedicamos poco tiempo a nuestros hijos o tener unas expectativas poco realistas acerca de la vida en pareja, suele provocar sentimientos de fracaso, culpabilidad y pérdida de la autoestima, generando así angustia y tensión.

Por ello, hay que evitarlos  aprendiendo a valorar lo que tenemos y no lo que nos falta. Pero si lo que tenemos no nos gusta o no nos hace felices...?, entonces podemos utilizar una estrategia oara nuestra mente confundida: pensemos que estamos a tiempo de cambiar la situación que nos preocupa. Y si no sabemos cómo hacerlo, podemos pedir apoyo o consejos a un buen amigo/a,  o a un profesional (psicólogo).

Es muy importante entender que hay que aprender a darse nuevas oportunidades en la vida, porque un fracaso, sea éste afectivo o profesional no significa que no podamos tener nuevas oportunidades. Debemos dedicar más tiempo a conocernos y averiguar cuáles son realmente nuestras necesidades y nuestros gustos más profundos. Según Patricia Tudo-Sandahl, Dra. en psicología y psicoterapeuta, reprimir nuestros deseos o perder contacto con las cosas que nos interesan o nos proporcionan satisfacción, limita nuestra capapcidad para expresarnos de forma individual y nuestras posibilidades de convertirnos en seres humanos completamente realizados y felices.Al fin y al cabo, la vida es un aprendizaje contínuo.

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