Viendo otros Goos publicados en esta categoría puede uno pensar que el tema de ser buen lector resulte anacrónico, fuera de época. Hay tantas cosas nuevas, interesantes, que suenan más actuales, de nuestro tiempo. Proponer a la gente el tema de cómo ser buen lector puede parecer hoy en día algo de muy poco interés, algo de la pedagodía o la educación de antes, acerca de lo cual ya se ha dicho mucho y todo está dicho y ya no hay nada más que hacer ni decir ahí. Pero la realidad que se comprueba todos los días, hoy como ayer, y en todas partes, es que la inmensa mayoría de las personas son poco o nada lectoras, por lo cual son malas lectoras y malas escritoras (si leer y escribir es algo más que traducir en lenguaje escrito el habla y la escucha, como hacemos al chatear),  han desarrollado una baja capcidad para adquirir y producir información escrita, por lo cual, aunque no se den cuenta, están limitados por una pobre capacidad de acción y reacción en los campos social, económico, político y cultural en que se desenvuelven cada día sus vidas. Esta introducción resulta pertinente para justificar por qué escribir Goos sobre lectura en un mundo como el de hoy, que (engañosamente) parece tan alejado de esos antiguos temas de la educación. El argumento básico de estos Goos es, pues, que la lectura sigue siendo un asunto de primer orden, el cual las personas deberían resolver como una prioridad porque sigue siendo el medio principal de adquisición de información, y por muchas cosas que aprendan su actividad intelectual siempre tendrá lugar dentro de los límites de la estructura cognitiva que hayan sido capaces de elaborar. Ahora bien, hemos dicho en "Cómo ser buen lector (1)" que ser buen lector es leer frecuentemente, porque así se desarrollarán de manera natural las destrezas lectoras: comprensión, rapidez, etc. (J. Piaget) Solo falta agregar que en el buen lector la lectura no se limita a los periódicos amarillos, revistas de farándula, o toda esa basura que se encuentra en nuestra amada Internet. El buen lector lee mucho pero sobre todo la literatura reconocida como de buen nivel cultural, la información que incrementa el conocimiento del mundo, de la historia, de la realidad. No hay que tener miedo de leer diferentes puntos de vista, pues la mente no es un recipiente que recibe pasivamente aquello que le digan con uno u otro sesgo cultural, social, político, etc., sino que hay "una actividad en la representación" como decía el psicólogo Galperin, y así cada cual hará su síntesis, elaborará su propio conocimiento a partir de los datos que recibe de uno y otro lado. Los vulnerables, aquellos a quienes pueden lavar el cerebro son los que leen poco, tienen visiones muy limitadas del mundo, es decir a los más ignorantes... Continuando con la técnica para convertirse en buen lector, es decir, al procedimiento para adquirir el hábito de lectura, hemos escogido para dar un ejemplo la novela "La perla", del escritor norteamericano John Steinbeck (premio Nobel de literatura en 1962): es una novela corta, excelentemente escrita, una muestra de la "gran literatura" que todos deberíamos conocer y darnos el gustazo de disfrutar, ya que nos depara momentos verdaderamente agradables a la vez que aporta a nuestra comprensión de la realidad en que vivimos. Esta novelita se consigue fácilmente y su precio es bajo. Cuenta la historia de Kino, humilde pescador de perlas que un día encuentra la perla más valiosa que pueda imaginarse... y todo lo que ocurre a partir de ese día. Recordemos ahora las 2 condiciones de la formación de los hábitos: 1. Resultado interesante de la actividad 2. Repetición frecuente en condiciones semejantes. La lectura de "La perla" asegura el cumplimiento de la primera condición, ya que esta novelita es interesante desde  el primer renglón. Para quien se esté iniciando no es necesario leer el prólogo. Casi todo libro trae un prólogo, y la mayoría de las veces es una parte valiosa del libro, con información importante, por lo cual hay que leerlo. Pero quienes estén comenzando a formarse el hábito de leer pueden dejar la lectura de los prólogos para más adelante, cuando hayan avanzado en el proceso. "La perla" se puede leer en 15 sesiones de 15 minutos cada una, leyendo despacio, sin afán, tomándose su tiempo, degustándola. Dedicando 15 minutos diarios, 4 ó 5 días por semana se leerá en un mes o menos. Así se cumplirá la segunda condición de la formación de los hábitos. Las lecturas pueden hacerse a cualquier hora y en cualquier parte. Si se hacen más o menos a la misma hora y en el mismo lugar, mejor. Al terminar esta obra hay que iniciar otra que también sea interesante ("Los crímenes de la calle Morgue", de Edgar Allan Poe, sin leer el comienzo, que es pesado, sino empezando donde comienza la acción; "La isla del tesoro" de R.L. Stevenson; "Moby Dick, de H. Melville; "Tom Sawyer", de Mark Twain; "El retrato de Dorian Gray", de Oscar Wilde, "El túnel", de E. Sábato, "La metamorfosis", de F. Kafka, etc. etc.). Con el tiempo se puede aumentar la duración de las sesiones de lectura (no hay afán, vamos a disfrutar, no a correr, a formarnos una cultura literaria y el hábito de leer, no nos interesa sentir que es una gran cosa leer a toda velocidad; eso dejémoslo a otros con otros intereses). Como puede verse, es fácil, en teoría. Lógicamente, serán necesarias voluntad y disciplina. Pero esta es la forma de adquirir el hábito de lectura. La única. Y el premio que se recibe es de un valor incomparable, que repercutirá en nuestros hijos y nietos, y en la sociedad en general.

FUENTES: E. Ferreiro, F. Smith, B. Bettelheim, J. Piaget, G. de Montpellier   

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